BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sus dejadas de tabaco
sus comidas de tarro
sus abalorios y sus cánticos.
Con su arcilla
y sus penurias, sus peniques
de madera y sus serpientes de
barro,
su gentío penitente,
su tomando destilados.
Con sus palcos imaginados,
sus envites a la grande y
sus desnudos al dominó.
Con su gratis me sale todo,
sus sin-pa, sin ser simpático,
sus hastíos nerudianos, y su
melancólico rocío.
Con su experiencia en hambrunas,
con sus lunas y sus sombras,
con su lado nada oscuro, y con su borde
todo iluminado.
Su perfil de frente
su reticente divorcio,
su reptil de terracota,
y su terraza de porcelana
china, nos ha dejado
el dueño del mar, el expósito
del verbo, el propietario sin nómina
de la calle Neptuno.
Con su mandolina de doce cuerdas,
su instancia a favor del viento,
su carisma redoblado y su fragancia
a rueda muerta.
Con sus sensaciones y sus vitolas,
de héroe de las quinientas y víbora
de los dolores, con su dentadura postiza
y su calor de entraña pobre.
Con su cántico desmenuzado y su humilde
procedencia, su canibalismo de opereta,
y su razón de estado.
Con su febril armamentística
y su lúgubre pecado, sus trazas
de hombre noble, y sus valencias
sofisticadas.
Con su entusiasmo cavernario
y su feminismo de postín,
su sangre en el caldo de patata
y su ''este reino no es para mí.''
Con sus fusibles perdidos, sus anatemas,
sus formas de buscar la dicha y sus paredes
de amianto y celofán.
Con sus fusiles de asalto,
y sus trajes de vampiro azul,
sus contenedores, sus raídos
mitones de ''vuelta a empezar''
y amén.
Con sus trajes de ida
y sus pinzas para la ropa,
su alcoholismo de cateto
sus discursos de paleto
sus alergias de relojero.
Con sus famas y sus alcurnias,
sus secretos y sus damas,
su recio abolengo de canas
al aire.
Con sus tenedores de raso
sus cuchillos de silicato
sus néctares y sus jugos gástricos.
Con sus cuberterías de Tarazona,
sus amuletos brasileños, sus ingles
de terciopelo.
Con sus guantes de abrigo
con sus plegarias a Cristo
con su calvario y sus ligas de seda.
Con su firme alopecia, sus fisuras
de rodilla y sus tétricos poetas;
sus axilas de láser
su primavera sin flores
su verano sin estaciones.
Con su cremallera intencionada
con su frenillo y con su impotencia,
su corazón de rebajas y su paella valenciana.
Con su metálica chaqueta
su vena de poeta, sus arterias dilatadas,
donde se cruzan veleros en el viento
furioso de la madrugada.
Con sus retratos de novia
y sus senderos de gloria,
con sus bodas de sangre
y sus terrones de azúcar.
Con sus martillos neumáticos
y sus castañas pilongas,
sus cabañas de la droga
y sus jardines de goma.
Con sus mancebos y amantes
sus portalones de celos
y sus sustancias del sueño.
Con sus aguas potables
y sus medicamentos nocivos,
sus alicientes secretos
y sus flores contadas.
Con sus carpetas y sus temarios,
sus termas de Caracalla y sus vaciles
de sargento corneta.
Con sus pasotas y sus macarras,
sus canelos y sus gota a gota,
su aguarrás de morapio y sus
jotas catalanas.
Con su Satanás de recibo
su catedral y sus córneas
trasplantadas, su vitriolo
en la lengua y su lenguaje
seco y taxativo.
Con su mayoría de edad
su minoría de izquierdas,
su pendiente en la oreja,
su química suspensa.
Con sus crápulas y sus cadenas
sus sarcásticos y sus sátiros,
sus amaneceres y sus rondallas
venecianas.
Con su noche de Granada
su aurora suiza, su pentagrama
de insomnio, su tricornio sin hostias.
Con sus bajeles y sus rieles
sus noticias de segunda mano
sus cansancios y pataletas de vecino.
Sus doncellas parturientas
sus domicilios antónimos
su vino sin secuela
su maestro sin escuela.
sus comidas de tarro
sus abalorios y sus cánticos.
Con su arcilla
y sus penurias, sus peniques
de madera y sus serpientes de
barro,
su gentío penitente,
su tomando destilados.
Con sus palcos imaginados,
sus envites a la grande y
sus desnudos al dominó.
Con su gratis me sale todo,
sus sin-pa, sin ser simpático,
sus hastíos nerudianos, y su
melancólico rocío.
Con su experiencia en hambrunas,
con sus lunas y sus sombras,
con su lado nada oscuro, y con su borde
todo iluminado.
Su perfil de frente
su reticente divorcio,
su reptil de terracota,
y su terraza de porcelana
china, nos ha dejado
el dueño del mar, el expósito
del verbo, el propietario sin nómina
de la calle Neptuno.
Con su mandolina de doce cuerdas,
su instancia a favor del viento,
su carisma redoblado y su fragancia
a rueda muerta.
Con sus sensaciones y sus vitolas,
de héroe de las quinientas y víbora
de los dolores, con su dentadura postiza
y su calor de entraña pobre.
Con su cántico desmenuzado y su humilde
procedencia, su canibalismo de opereta,
y su razón de estado.
Con su febril armamentística
y su lúgubre pecado, sus trazas
de hombre noble, y sus valencias
sofisticadas.
Con su entusiasmo cavernario
y su feminismo de postín,
su sangre en el caldo de patata
y su ''este reino no es para mí.''
Con sus fusibles perdidos, sus anatemas,
sus formas de buscar la dicha y sus paredes
de amianto y celofán.
Con sus fusiles de asalto,
y sus trajes de vampiro azul,
sus contenedores, sus raídos
mitones de ''vuelta a empezar''
y amén.
Con sus trajes de ida
y sus pinzas para la ropa,
su alcoholismo de cateto
sus discursos de paleto
sus alergias de relojero.
Con sus famas y sus alcurnias,
sus secretos y sus damas,
su recio abolengo de canas
al aire.
Con sus tenedores de raso
sus cuchillos de silicato
sus néctares y sus jugos gástricos.
Con sus cuberterías de Tarazona,
sus amuletos brasileños, sus ingles
de terciopelo.
Con sus guantes de abrigo
con sus plegarias a Cristo
con su calvario y sus ligas de seda.
Con su firme alopecia, sus fisuras
de rodilla y sus tétricos poetas;
sus axilas de láser
su primavera sin flores
su verano sin estaciones.
Con su cremallera intencionada
con su frenillo y con su impotencia,
su corazón de rebajas y su paella valenciana.
Con su metálica chaqueta
su vena de poeta, sus arterias dilatadas,
donde se cruzan veleros en el viento
furioso de la madrugada.
Con sus retratos de novia
y sus senderos de gloria,
con sus bodas de sangre
y sus terrones de azúcar.
Con sus martillos neumáticos
y sus castañas pilongas,
sus cabañas de la droga
y sus jardines de goma.
Con sus mancebos y amantes
sus portalones de celos
y sus sustancias del sueño.
Con sus aguas potables
y sus medicamentos nocivos,
sus alicientes secretos
y sus flores contadas.
Con sus carpetas y sus temarios,
sus termas de Caracalla y sus vaciles
de sargento corneta.
Con sus pasotas y sus macarras,
sus canelos y sus gota a gota,
su aguarrás de morapio y sus
jotas catalanas.
Con su Satanás de recibo
su catedral y sus córneas
trasplantadas, su vitriolo
en la lengua y su lenguaje
seco y taxativo.
Con su mayoría de edad
su minoría de izquierdas,
su pendiente en la oreja,
su química suspensa.
Con sus crápulas y sus cadenas
sus sarcásticos y sus sátiros,
sus amaneceres y sus rondallas
venecianas.
Con su noche de Granada
su aurora suiza, su pentagrama
de insomnio, su tricornio sin hostias.
Con sus bajeles y sus rieles
sus noticias de segunda mano
sus cansancios y pataletas de vecino.
Sus doncellas parturientas
sus domicilios antónimos
su vino sin secuela
su maestro sin escuela.