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Reverencia al Gigante

Lexema

Poeta que considera el portal su segunda casa
De la boca de un Gigante
un gran ave alzó el vuelo
sus alas eran tan grandes
que podían tocar el suelo

Con una encendía la noche
con la otra un caballo con su pelo
galopaba el día sin coche
de fuego su fúlgido velo

Las arañas podían tejer
mantos y constelaciones
y el dragón quiso cojer
todititas sus emociones

El Gigante muy enojado
al dragón castigo impuso
que en la noche por iluso
iba a ser por siempre arrojado

Las alas de aquella ave
hasta hoy siguen su curso,
y el dragón quedó de insulso
por lo que ya todos saben.

 
Última edición:
De la boca de un Gigante
un gran ave alzó el vuelo
sus alas eran tan grandes
que podían tocar el suelo

Con una encendía la noche
con la otra un caballo con su pelo
galopaba el día sin coche
de fuego su fúlgido velo

Las arañas podían tejer
mantos y constelaciones
y el dragón quiso cojer
todititas sus emociones

El Gigante muy enojado
al dragón castigo impuso
que en la noche por iluso
iba a ser por siempre arrojado

Las alas de aquella ave
hasta hoy siguen su curso,
y el dragón quedó de insulso
por lo que ya todos saben.

Bello poema épico...
Un gran abrazo Jesús
 
De la boca de un Gigante
un gran ave alzó el vuelo
sus alas eran tan grandes
que podían tocar el suelo

Con una encendía la noche
con la otra un caballo con su pelo
galopaba el día sin coche
de fuego su fúlgido velo

Las arañas podían tejer
mantos y constelaciones
y el dragón quiso cojer
todititas sus emociones

El Gigante muy enojado
al dragón castigo impuso
que en la noche por iluso
iba a ser por siempre arrojado

Las alas de aquella ave
hasta hoy siguen su curso,
y el dragón quedó de insulso
por lo que ya todos saben.

Epica en ese magma donde los seres van confluyendo en una lucha que
llamaria mecida por la solucion final. excelente. saludos afectuosos de
luzyabsenta
 
De la boca de un Gigante
un gran ave alzó el vuelo
sus alas eran tan grandes
que podían tocar el suelo

Con una encendía la noche
con la otra un caballo con su pelo
galopaba el día sin coche
de fuego su fúlgido velo

Las arañas podían tejer
mantos y constelaciones
y el dragón quiso cojer
todititas sus emociones

El Gigante muy enojado
al dragón castigo impuso
que en la noche por iluso
iba a ser por siempre arrojado

Las alas de aquella ave
hasta hoy siguen su curso,
y el dragón quedó de insulso
por lo que ya todos saben.


interesante historia surrealista, amigo Lexema, enhorabuena. Siempre un placer leer tus obras. Un cálido saludo.
 

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