Ziler
Poeta recién llegado
No me saludes con esta solemnidad que parece más condolencia que veneración; recuerda que sigo siendo el rey de esta libreta, aunque solo sea en su sombra. Si leyeras cada fragmento de ella, entenderías que escribir en este reino es una parsimonia sacramental.
Contemplo cómo derrocan mi corona mientras sentencian a mi corazón adolorido, sin una María Antonieta que me acompañe cuando los fantasmas me cercenen la cabeza. Embarro este papel con un odio que me arma a la ligera y me obliga a enfrentar este destino que acecha sin vergüenza, riéndose de mi inevitable final.
No me molestes mientras me coso esta profunda herida, aunque lo haga con nudos de enfardelar; después de la masacre solo quedará escribir para denostar mi camino y la profundidad del eterno silencio al cual sucumbiré.
Contemplo cómo derrocan mi corona mientras sentencian a mi corazón adolorido, sin una María Antonieta que me acompañe cuando los fantasmas me cercenen la cabeza. Embarro este papel con un odio que me arma a la ligera y me obliga a enfrentar este destino que acecha sin vergüenza, riéndose de mi inevitable final.
No me molestes mientras me coso esta profunda herida, aunque lo haga con nudos de enfardelar; después de la masacre solo quedará escribir para denostar mi camino y la profundidad del eterno silencio al cual sucumbiré.