Carmen Rojas Larrazabal
Poeta recién llegado
Riberas de ausencia
Jornadas de largas hambres
toda tu vida en desvelo,
tu vida que siempre vimos,
lejos, lejos, lejos, lejos.
Miguel Ramon Utrera
La noche llega y te encuentra
entre reflejo y olvido,
entre el agua de esos rios,
de donde nadie regresa.
Solo hay riberas de ausencia
fieles piedras, vigilantes,
que golpean, incansables,
tus sue#os y tu esperanza,
sumando sobre tu espalda
jornadas de largas hambres.
Como duelen las estrellas
entre soledad y sombras,
sin que el tiempo te responda
con su brisa de repuestas.
Como puertas que se cierran
sobre tu andar tan peque#o,
asi se cierra, a lo lejos,
el norte de tus caminos,
y llevas, hasta dormido,
toda tu vida en desvelo.
Sobre esta historia de polvo
somos huellas sin presencia,
si con fusiles de guerra
queremos decirlo todo.
Pero tu llegas al fondo
de la pena y del olvido
sin que yo sea ese testigo
que rio abajo te espera,
para salvar, sin sorpresa
tu vida que siempre vimos.
Mas en tu tierna mirada,
refugio de espiga y flor,
se te escapa el corazon
cuando sobran las palabras.
Alla van tus madrugadas,
entre silencio y silencio,
entre los caminos ciegos
que no entienden de distancias,
porque escuchan tus plegarias
lejos, lejos, lejos, lejos...
Jornadas de largas hambres
toda tu vida en desvelo,
tu vida que siempre vimos,
lejos, lejos, lejos, lejos.
Miguel Ramon Utrera
La noche llega y te encuentra
entre reflejo y olvido,
entre el agua de esos rios,
de donde nadie regresa.
Solo hay riberas de ausencia
fieles piedras, vigilantes,
que golpean, incansables,
tus sue#os y tu esperanza,
sumando sobre tu espalda
jornadas de largas hambres.
Como duelen las estrellas
entre soledad y sombras,
sin que el tiempo te responda
con su brisa de repuestas.
Como puertas que se cierran
sobre tu andar tan peque#o,
asi se cierra, a lo lejos,
el norte de tus caminos,
y llevas, hasta dormido,
toda tu vida en desvelo.
Sobre esta historia de polvo
somos huellas sin presencia,
si con fusiles de guerra
queremos decirlo todo.
Pero tu llegas al fondo
de la pena y del olvido
sin que yo sea ese testigo
que rio abajo te espera,
para salvar, sin sorpresa
tu vida que siempre vimos.
Mas en tu tierna mirada,
refugio de espiga y flor,
se te escapa el corazon
cuando sobran las palabras.
Alla van tus madrugadas,
entre silencio y silencio,
entre los caminos ciegos
que no entienden de distancias,
porque escuchan tus plegarias
lejos, lejos, lejos, lejos...