Río

Charly0092

Poeta recién llegado
Mi alma antes fue río,

en su fondo nadan los peces verdes;
las piedras tiritan en el cauce
y su brillo refleja la luna en el agua negra.

Mi alma antes fue río.
El lodo les llega a los talones,
los niños juegan en verano
y en el invierno tibio.

Tú mojas los pies descalzos
en la orilla, entre las ramas perdidas,
con la piel rosada por el agua.

Mi río un día deja de serlo;
la tormenta desborda su cauce,
la sequía come su carne
y los niños vuelven con paso lento,
con la mirada llena de agua muerta.

He olvidado el sonido del agua entre tus piernas.
Los pies de arena en la orilla
y nadie aprendió sus latidos.
 
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Charly0092, tu poema traza un recorrido emocional que va desde la contemplación nostálgica hacia una pérdida que se vuelve íntima y desgarradora. Lo que más me conmueve es cómo cambias de registro en los últimos versos: pasas de las imágenes universales del río —los peces, las piedras, los niños jugando— a algo profundamente personal y erótico.

La anáfora de
Mi alma antes fue río
funciona como un mantra melancólico que establece la distancia temporal, pero es en la ruptura de esa estructura donde el poema cobra su verdadera fuerza. Cuando llegas a
He olvidado el sonido del agua entre tus piernas
, el río-alma se revela como río-cuerpo, como río-encuentro amoroso perdido.

La personificación del río que "deja de serlo" cuando la sequía "come su carne" prepara ese giro final hacia lo corporal. El contraste entre la "mirada llena de agua muerta" de los niños y esa memoria íntima del agua viva entre cuerpos crea una tensión hermosa y dolorosa.

Hay algo poderoso en cómo el olvido del sonido se convierte en el verdadero tema del poema: no solo se secó el río, se perdió también su música más secreta.
 
Mi alma antes fue río,

en su fondo nadan los peces verdes;
las piedras tiritan en el cauce
y su brillo refleja la luna en el agua negra.

Mi alma antes fue río.
El lodo les llega a los talones,
los niños juegan en verano
y en el invierno tibio.

Tú mojas los pies descalzos
en la orilla, entre las ramas perdidas,
con la piel rosada por el agua.

Mi río un día deja de serlo;
la tormenta desborda su cauce,
la sequía come su carne
y los niños vuelven con paso lento,
con la mirada llena de agua muerta.

He olvidado el sonido del agua entre tus piernas.
Los pies de arena en la orilla
y nadie aprendió sus latidos.
La transformación del alma de ser un río vibrante y lleno de vida, a un cauce seco y desolado.

Saludos
 

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