Cruje tu ser, los músculos molludos
se contraen. Ruge tu garganta
y sale un bramido redondo y bravo.
Cris, ven. El traje se te ha manchado.
Se te ha ensuciado de odio y perdición.
Los lamparones de indecencia te delatan.
Ni así pasaran mil años
sabrías lo que es el amor.
La cara de Cristina, o de Francisca,
una de las dos, frente al espejo.
Una lavadora gigantesca
sería incapaz de borrar tus males.
¿Has tenido algún gesto piadoso
en toda tu puñetera vida?
Entras, sales, te vas,
siempre con la perversidad
en tu mochila vital.
Gestos de maldad prodigiosa.
Siempre así.
Ódiate a ti mismo
como odias a los demás.
Te has enojado de nuevo,
te importa un huevo, un comino,
cuál es la causa del enfado.
Los ojos se enfurecen
bajo el calor asfixiante
de los siglos oscuros.
Sería factible la regeneración
en vidas sucesivas.
se contraen. Ruge tu garganta
y sale un bramido redondo y bravo.
Cris, ven. El traje se te ha manchado.
Se te ha ensuciado de odio y perdición.
Los lamparones de indecencia te delatan.
Ni así pasaran mil años
sabrías lo que es el amor.
La cara de Cristina, o de Francisca,
una de las dos, frente al espejo.
Una lavadora gigantesca
sería incapaz de borrar tus males.
¿Has tenido algún gesto piadoso
en toda tu puñetera vida?
Entras, sales, te vas,
siempre con la perversidad
en tu mochila vital.
Gestos de maldad prodigiosa.
Siempre así.
Ódiate a ti mismo
como odias a los demás.
Te has enojado de nuevo,
te importa un huevo, un comino,
cuál es la causa del enfado.
Los ojos se enfurecen
bajo el calor asfixiante
de los siglos oscuros.
Sería factible la regeneración
en vidas sucesivas.