Cris Cam
Poeta adicto al portal
Rito
A Gala
Te propongo un rito.
Dame una de tus plumas,
cargaremos su cánula de mi sangre
y escribiremos en los patios,
mis desmemorias y tus sueños.
La revolearemos a los pájaros,
que aletean en las canaletas.
Para que las tardes de lluvia,
tenga el arco iris de tu vestido,
falsa siesta, en la leyenda de tu cintura.
Encendé los cirios, de mi entierro.
Quiero llenarme de tus lágrimas,
mojarme de tus babas,
y alimentarme de tus pleamares.
¡Ahora y no después!
Quemá de un golpe el libro de mis ausencias,
en el incendio de tus susurros.
Para que el amanecer,
rompa la armonía de las palomas.
¡Pero tengo una trampa!
Te elevaré en mis alturas,
limpiaré de cera vieja mis altares,
allí te entronaré, te sostendré,
serás la dueña de los crepúsculos,
Crepitarás mis pulmones,
borbotearás mis aurículas,
hervirás mis neuronas.
Pero si aun no sabes,
como siempre me sucede,
el alcance de mis latidos,
hace rato me enamoré de un acero,
cortaré una a una las nervaduras de mi alma,
regando los templos urbanos de mis desesperanzas.
Gozaré de adrenalina en una apuesta,
porque vos, niña de los escorpiones,
quizá dejes en mi frente fría, un beso,
y yo, al fin, me retorceré de dicha entre las llamas.
2000
A Gala
Te propongo un rito.
Dame una de tus plumas,
cargaremos su cánula de mi sangre
y escribiremos en los patios,
mis desmemorias y tus sueños.
La revolearemos a los pájaros,
que aletean en las canaletas.
Para que las tardes de lluvia,
tenga el arco iris de tu vestido,
falsa siesta, en la leyenda de tu cintura.
Encendé los cirios, de mi entierro.
Quiero llenarme de tus lágrimas,
mojarme de tus babas,
y alimentarme de tus pleamares.
¡Ahora y no después!
Quemá de un golpe el libro de mis ausencias,
en el incendio de tus susurros.
Para que el amanecer,
rompa la armonía de las palomas.
¡Pero tengo una trampa!
Te elevaré en mis alturas,
limpiaré de cera vieja mis altares,
allí te entronaré, te sostendré,
serás la dueña de los crepúsculos,
Crepitarás mis pulmones,
borbotearás mis aurículas,
hervirás mis neuronas.
Pero si aun no sabes,
como siempre me sucede,
el alcance de mis latidos,
hace rato me enamoré de un acero,
cortaré una a una las nervaduras de mi alma,
regando los templos urbanos de mis desesperanzas.
Gozaré de adrenalina en una apuesta,
porque vos, niña de los escorpiones,
quizá dejes en mi frente fría, un beso,
y yo, al fin, me retorceré de dicha entre las llamas.
2000