No es solo impulso sino fantasía.
No es solo esperanza sino deseo,
aquel que me llevó a liberar
el arte macabro que llevo dentro.
Empecé mi camino a la deidad
siendo aún joven infante solitario
en el patio de un colegio.
Recordando los azotes de mi madre,
me deleitaba en aquellas ninfas
que inocentes saltaban a la comba
y con placer imaginaba su sufrimiento.
Sin pena ni gloria llegué a los veinte
siendo el joven misterioso,atractivo y educado
al que sonreían las jóvenes casaderas,
incapaces de ver,como eran,
al artista sádico que había debajo.
Cansado de fantasear con el arte que es poder,
¿que podía ya detenerme?
Mi inspiración veía su arte sobre el lienzo
y mis manos inquietas tenían el pincel cortante.
Es mi musa e impulsora la pasión
que la luna llena trae consigo.
La fuerza que no respeta la vida
mi grandeza artística y conquistadora.
El ritual de la sangre derramada,
aquello por lo que me llamarían asesino.
Me lancé a las calles una madrugada,
cuchillo en mano,
sangre fría
y ojo al acecho.
La doncella que solitaria lloraba
en un parque con el corazón roto,
sería mi primer lienzo.
Me acerqué a ella de frente
y con sonrisa compasiva le miré a los ojos.
No llores más,mi niña,
que tu vida no ha sido un fracaso.
Tu fría carne cortada
será arte efímero y hermoso.
El horror de tu muerte,
orgasmo de mi corazón despiadado.
Hoja afilada silvó en el aire.
Profundo el corte que abrió la garganta.
En gárgara sangrienta quedaron sus gritos.
Había comenzado el ritual escarlata.
El oscuro ángel de la muerte
acudió presto a la cita con mi caza,
por yo derramar generosos sobre la tierra,
ríos con la sangre de una bella dama.
¿Como expresar sobre papel,
el pánico y desconcierto
de aquellos ojos tan abiertos
que parecían querer salir de sus órbitas?
¿Como expresar
la terrible sorpresa de mi lienzo,
al penetrar después el acero
allí donde el corazón tiene su alcoba?
Que extraño el cuchillo cuando entra.
Es como pinchar una almohada.
Primero la punta enpuja la piel.
Luego penetra lenta la daga
como enfundada en rígida baina.
Pasado apenas un minuto
ya había terminado todo.
¡Que profunda la decepción y el desengaño!
En mi fantasía,era la muerte
deliciosa y satisfactoria.
Nada era tan frío y rápido.
Una vez hube acabado,
me apresuré a coger su cartera
para así fingir un robo.
Siempre me bastó con eso
pues no hay grandes detectives,
solo los que ven aquello que es obvio.
Intensa pesadumbre por mi sueño roto
me hizo pensar en mi próxima obra
para mejorar la ya hecha,
pues tenía que seguir buscando
la belleza en forma de muerte
que dejase a mis crueles musas satisfechas.
Muerte tras muerte
y ciudad tras ciudad,
nueve han sido las lunas
teñidas en rojo carmesí.
Nueve las carteras
que en mi haber conservo
y nueve los rituales sangrientos
que me fueron necesarios
para alcanzar a ser feliz.
No es solo esperanza sino deseo,
aquel que me llevó a liberar
el arte macabro que llevo dentro.
Empecé mi camino a la deidad
siendo aún joven infante solitario
en el patio de un colegio.
Recordando los azotes de mi madre,
me deleitaba en aquellas ninfas
que inocentes saltaban a la comba
y con placer imaginaba su sufrimiento.
Sin pena ni gloria llegué a los veinte
siendo el joven misterioso,atractivo y educado
al que sonreían las jóvenes casaderas,
incapaces de ver,como eran,
al artista sádico que había debajo.
Cansado de fantasear con el arte que es poder,
¿que podía ya detenerme?
Mi inspiración veía su arte sobre el lienzo
y mis manos inquietas tenían el pincel cortante.
Es mi musa e impulsora la pasión
que la luna llena trae consigo.
La fuerza que no respeta la vida
mi grandeza artística y conquistadora.
El ritual de la sangre derramada,
aquello por lo que me llamarían asesino.
Me lancé a las calles una madrugada,
cuchillo en mano,
sangre fría
y ojo al acecho.
La doncella que solitaria lloraba
en un parque con el corazón roto,
sería mi primer lienzo.
Me acerqué a ella de frente
y con sonrisa compasiva le miré a los ojos.
No llores más,mi niña,
que tu vida no ha sido un fracaso.
Tu fría carne cortada
será arte efímero y hermoso.
El horror de tu muerte,
orgasmo de mi corazón despiadado.
Hoja afilada silvó en el aire.
Profundo el corte que abrió la garganta.
En gárgara sangrienta quedaron sus gritos.
Había comenzado el ritual escarlata.
El oscuro ángel de la muerte
acudió presto a la cita con mi caza,
por yo derramar generosos sobre la tierra,
ríos con la sangre de una bella dama.
¿Como expresar sobre papel,
el pánico y desconcierto
de aquellos ojos tan abiertos
que parecían querer salir de sus órbitas?
¿Como expresar
la terrible sorpresa de mi lienzo,
al penetrar después el acero
allí donde el corazón tiene su alcoba?
Que extraño el cuchillo cuando entra.
Es como pinchar una almohada.
Primero la punta enpuja la piel.
Luego penetra lenta la daga
como enfundada en rígida baina.
Pasado apenas un minuto
ya había terminado todo.
¡Que profunda la decepción y el desengaño!
En mi fantasía,era la muerte
deliciosa y satisfactoria.
Nada era tan frío y rápido.
Una vez hube acabado,
me apresuré a coger su cartera
para así fingir un robo.
Siempre me bastó con eso
pues no hay grandes detectives,
solo los que ven aquello que es obvio.
Intensa pesadumbre por mi sueño roto
me hizo pensar en mi próxima obra
para mejorar la ya hecha,
pues tenía que seguir buscando
la belleza en forma de muerte
que dejase a mis crueles musas satisfechas.
Muerte tras muerte
y ciudad tras ciudad,
nueve han sido las lunas
teñidas en rojo carmesí.
Nueve las carteras
que en mi haber conservo
y nueve los rituales sangrientos
que me fueron necesarios
para alcanzar a ser feliz.