Roberto Juarroz

lluvia de enero

Simplemente mujer
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Roberto Juarroz (poeta, bibliotecario, crítico literario y ensayista argentino) nació en Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, el 5 de Octubre de 1925.
Estudió Bibliotecología en la Universidad de Buenos Aires y amplió su instrucción en la universidad parisina de la Sorbona.
Roberto Juarroz fue profesor en la Universidad de Buenos Aires. También trabajó como experto en Bibliotecología para importantes organismos internacionales, como la UNESCO.

Juarroz fue un poeta de léxico expresivo, sucinto, claro, frugal, con textos reflexivos y filosóficos influenciados por el creacionismo de Vicente Huidobro, el romanticismo alemán o el simbolismo francés. Era admirador confeso de Novalis, Apollinaire, Rilke, Rimbaud, o Antonio Porchia, una de sus máximas ascendencias literarias. En 1958 y en la editorial Equis publicó su primer volumen de "Poesía Vertical", que se expandió hasta un número de catorce.
Juarroz escribió exclusivamente poemas breves y conceptualmente densos, los que, pese a carecer de rima o regularidad métrica, exhiben no obstante un cuidadoso diseño. Concisos y austeros, despojados e impersonales, estos poemas poseen un ritmo interior que el lector pronto reconoce como característico. La poesía de Juarroz prescinde de referencias geográficas o históricas, de localismos verbales, de euritmia o eufonía, de efusiones sentimentales, de anécdotas, del uso de voces prestigiosas o a priori poéticas. Típicamente, sus depurados textos tienden a adoptar un modo asertivo, simétricamente estructurado, con significaciones frecuentemente enigmáticas o paradojales. Sus trabajos han merecido abundantes estudios críticos, y ha sido vertida a una gran cantidad de lenguas. Desde junio de 1984 fue miembro de número de la Academia Argentina de Letras.
Murió en Temperley -Buenos Aires el 31 de marzo de 1995.


Datos biográficos extraídos de:
http://www.bn.gov.ar/abanico/A20509/juarroz.poever2.htm
http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Centanino/Juarroz.htm


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NO TENEMOS UN LENGUAJE PARA LOS FINALES


No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen.
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como lanzadera
de un telar descompuesto.
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de un mundo.
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia.


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POESÍA VERTICAL II - Poema LXXVII


En una noche que debió ser lluvia
o en el muelle de un puerto tal vez inexistente
o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,
se me cayó una parte mía.

No ha dejado ningún hueco.

Es más: pareciera algo que ha llegado
y no algo que se ha ido.

Pero ahora,
en las noches sin lluvia,
en las ciudades sin muelles,
en las mesas sin tardes,
me siento de repente mucho más solo
y no me animo a palparme,
aunque todo parezca estar en su sitio,
quizá todavía un poco más que antes.

Y sospecho que hubiera sido preferible
quedarme en aquella perdida parte mía
y no en este casi todo
que aún sigue sin caer.



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