Aurisolado
Poeta recién llegado
Lo seguí sigiloso, con un paso doliente,
¡Que surcaba la tierra de su acerva mirada!,
Y su diente infalible, removiendo inminente,
¡Cada vientre maldito, que semilla anidaba!
¡Lo encontré destrozando una flor palpitante,
De apodíctico gesto, que del tiempo ha ganado;
Y ahuyenté con la esgrima de mi estulto latente,
Al roedor que desgarra, lo que el tiempo ha sembrado!...
Me propuse llorarle a una flor desangrada,
Y nutrir con mi duelo sus delgadas raíces,
Procurar sin encono, darle voz desalmada;
Diletante simulo, entender los matices
Y creció saludable, con raíces que araron,
Toda tierra posible de mi piel, hoy cansada,
Que dejo cicatrices en mi cuerpo gastado,
Que nutrió la semilla , que el roedor destrozaba
¡Que surcaba la tierra de su acerva mirada!,
Y su diente infalible, removiendo inminente,
¡Cada vientre maldito, que semilla anidaba!
¡Lo encontré destrozando una flor palpitante,
De apodíctico gesto, que del tiempo ha ganado;
Y ahuyenté con la esgrima de mi estulto latente,
Al roedor que desgarra, lo que el tiempo ha sembrado!...
Me propuse llorarle a una flor desangrada,
Y nutrir con mi duelo sus delgadas raíces,
Procurar sin encono, darle voz desalmada;
Diletante simulo, entender los matices
Y creció saludable, con raíces que araron,
Toda tierra posible de mi piel, hoy cansada,
Que dejo cicatrices en mi cuerpo gastado,
Que nutrió la semilla , que el roedor destrozaba