poetakabik
Poeta veterano en el portal
Él:
Aún siento en mí tu latido,
como un relámpago herido,
como un fuego que no cesa;
cuando te nombro en silencio
se abre en mi pecho una puerta.
Ella:
Yo también guardo tu sombra,
tu ardor rompiendo mi calma;
aun cuando el tiempo nos niegue,
mi piel recuerda tu nombre
como un susurro que vuelve.
Él:
Fuimos noche desbordada,
fuego vivo sin frontera,
y aunque el alba nos rompiera
todavía arde en mi sangre
tu entrega desesperada.
Ella:
Y yo, que fui tu tormenta,
tu refugio y tu caverna,
aún escucho en mis latidos
el gemido de tu alma
cuando morías conmigo.
Ambos:
Si el destino nos separa,
si la vida nos divide,
quedará en nuestra memoria
la llama que no se mide:
que lo que fuimos aquella noche
ni el olvido lo derribe.
Aún siento en mí tu latido,
como un relámpago herido,
como un fuego que no cesa;
cuando te nombro en silencio
se abre en mi pecho una puerta.
Ella:
Yo también guardo tu sombra,
tu ardor rompiendo mi calma;
aun cuando el tiempo nos niegue,
mi piel recuerda tu nombre
como un susurro que vuelve.
Él:
Fuimos noche desbordada,
fuego vivo sin frontera,
y aunque el alba nos rompiera
todavía arde en mi sangre
tu entrega desesperada.
Ella:
Y yo, que fui tu tormenta,
tu refugio y tu caverna,
aún escucho en mis latidos
el gemido de tu alma
cuando morías conmigo.
Ambos:
Si el destino nos separa,
si la vida nos divide,
quedará en nuestra memoria
la llama que no se mide:
que lo que fuimos aquella noche
ni el olvido lo derribe.