Manuel de Cilla
Poeta recién llegado
Nada más salir del vientre,
vio un cojín de fina seda
lloraba sobre cama con dosel
alumbrado por blancas velas.
Su madre murió en el parto,
fue bautizado Juan de Urbona,
tuvo siempre cuanto quiso,
oro y plata en su alcoba.
Su padre murió muy joven,
luto tan solo unas horas,
era Rey en los bares,
y don Juan con las señoras.
Frente a un vaso mediado,
le pegaba a su esposa.
Fue siempre un capullo
que no llegó a mariposa.
Tenía un viejo mayordomo,
rumano a mucha honra,
al que le decía siempre
-Eres como una zorra-.
Y el pobre mayordomo,
lloraba en su buhardilla,
-A ver si se muriera
este diablo con gabardina-
Un día a media tarde,
deseos de carne y hueso,
pues Juan de Urbona
reposaba en el suelo,
la espuma de su boca
y el frío de su cuerpo,
rompían toda duda,
el diablo había muerto.
Con el paso de los años,
todos fueron muriendo,
en la casa solo quedaba
la mugre y el viento.
Al final todos fueron,
pasto de los gusanos,
desde el rico de Urbona
hasta el pobre rumano.
La muerte nos trata a todos por igual.
vio un cojín de fina seda
lloraba sobre cama con dosel
alumbrado por blancas velas.
Su madre murió en el parto,
fue bautizado Juan de Urbona,
tuvo siempre cuanto quiso,
oro y plata en su alcoba.
Su padre murió muy joven,
luto tan solo unas horas,
era Rey en los bares,
y don Juan con las señoras.
Frente a un vaso mediado,
le pegaba a su esposa.
Fue siempre un capullo
que no llegó a mariposa.
Tenía un viejo mayordomo,
rumano a mucha honra,
al que le decía siempre
-Eres como una zorra-.
Y el pobre mayordomo,
lloraba en su buhardilla,
-A ver si se muriera
este diablo con gabardina-
Un día a media tarde,
deseos de carne y hueso,
pues Juan de Urbona
reposaba en el suelo,
la espuma de su boca
y el frío de su cuerpo,
rompían toda duda,
el diablo había muerto.
Con el paso de los años,
todos fueron muriendo,
en la casa solo quedaba
la mugre y el viento.
Al final todos fueron,
pasto de los gusanos,
desde el rico de Urbona
hasta el pobre rumano.
La muerte nos trata a todos por igual.