Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
I
Vigilante de la noche,
no delates mi presencia
que a la Luna quiero ver
asomada a la ribera
del río donde, desnuda,
se baña radiante y bella
pintando de plata el agua,
alimento de poetas.
Retratar quiero su cara
de sedosa y blanca perla
y escuchar su dulce canto
dedicado a las luciérnagas
que la aplauden encendiendo
sus farolillos de fiesta.
II
El río sufre en silencio
la llamada de la pena
discurriendo lastimero,
mas guarda las apariencias
cuando la Luna reluce
entre sus aguas serenas.
No quiere que su secreto
aflore delante de ella.
Su líquido corazón
no aguantaría la afrenta
de padecer el rechazo
de la diosa más excelsa,
si supiera del amor
que siente por su belleza.
III
“¡Qué poco sabe de amores
este río que me quema!”,
le cuenta una Luna triste
a su confidente en tierra.
“De mi loco amor por él
¿qué más señales desea?
Si por perder he perdido
hasta mi propia vergüenza
al mostrarme como soy
entre sus aguas de seda”.
IV
Pero la llama escondida
hizo fuego en la pareja
cuando el viento recitó
los versos de este poema:
“Vigilante no delates
esta noche mi presencia
que quiero ver a la Luna
y al río cómo se besan.”
Vigilante de la noche,
no delates mi presencia
que a la Luna quiero ver
asomada a la ribera
del río donde, desnuda,
se baña radiante y bella
pintando de plata el agua,
alimento de poetas.
Retratar quiero su cara
de sedosa y blanca perla
y escuchar su dulce canto
dedicado a las luciérnagas
que la aplauden encendiendo
sus farolillos de fiesta.
II
El río sufre en silencio
la llamada de la pena
discurriendo lastimero,
mas guarda las apariencias
cuando la Luna reluce
entre sus aguas serenas.
No quiere que su secreto
aflore delante de ella.
Su líquido corazón
no aguantaría la afrenta
de padecer el rechazo
de la diosa más excelsa,
si supiera del amor
que siente por su belleza.
III
“¡Qué poco sabe de amores
este río que me quema!”,
le cuenta una Luna triste
a su confidente en tierra.
“De mi loco amor por él
¿qué más señales desea?
Si por perder he perdido
hasta mi propia vergüenza
al mostrarme como soy
entre sus aguas de seda”.
IV
Pero la llama escondida
hizo fuego en la pareja
cuando el viento recitó
los versos de este poema:
“Vigilante no delates
esta noche mi presencia
que quiero ver a la Luna
y al río cómo se besan.”
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