Último Poeta Maldito
Poeta asiduo al portal
Este corazón, cantor frágil, es mío.
Mas su sentir, trino sonoro, es tuyo
¡Oh amada lis, vítreo rocío!
Ante ti, con mi melodía, fluyo.
Y no quiero ser más que vuestro amado,
este que con lira vibrante canta.
Mi bella luz del cielo, amor alado,
ven con sonrisa luminosa y santa.
¡Ya tremolan aquellas hojas tiernas,
como queriendo imitar un gorjeo!
¡Qué exótica dance la vieja planta,
con el delirio de rosas eternas,
cuál gran, suave y esplendido aleteo!
Este corazón, cantor frágil, es mío.
Mas su sentir, trino sonoro, es tuyo
¡Oh amada lis, vítreo rocío!
Ante ti, con mi melodía, fluyo.
Mágicos, vuelan, recuerdos del año:
tu rostro de estrella y boca de rosa;
la alborada vernal, esencia y paño;
horizontes do va tu ver de diosa.
Ya que el año escapa cual fugitivo,
entre estaciones que ya se terminan,
ven Bella, vamos tomados de manos
por senda que alumbre el sol primitivo,
como flechados lirios que caminan.
Tomaré el verdor de bosques gloriosos,
sus cantorales, liras y cantatas
y trovaré a caballeros de plata,
que lucharon por tus ojos hermosos.
En días terminará la historia
que empezó y se va con este año insigne.
Mas comenzará una llena de gloria,
como el primer aleteo del cisne.
Un génesis con amores canoros,
como luces que se visan en oros,
cuales trinos del ave satinada
Vendrás con el nimbo que se derrama;
yo cual ruiseñor cantaré en la rama
¡Oh, tú, gloria angélica, mía, amada!
Mágicos, vuelan, recuerdos del año:
tu rostro de estrella y boca de rosa;
la alborada vernal, esencia y paño;
horizontes do va tu ver de diosa.
Aquellos cálices soberbios suspiran
por desmayos tenues del pensamiento.
Llega año nuevo, crece mi sentimiento
¡Oh, mi amada
las estrellas nos miran!
Hondas sombras, purezas de la noche,
son rayadas por la luz de la luna,
como por espléndida sacuanjoche.
¿Quién besará vuestros labios de miel?
Este profano, gorrión enamorado.
¿Quién tocará tu delicada piel?
Esta toscas vasallas, manos mías;
acariciadoras de tus rosados,
esas sedas que vos llamáis mejillas.
¡Qué ya se venga el nuevo año de amor!
Con aquellos arromanzados días.
Yo seguiré siendo tu ruiseñor,
el cantor de tus miradas estías,
arrebatado por el suave olor,
que viertes en meteoros al viento.
En caricias del alma, el beso es lírico,
un abrazar del puro y vago aliento,
lenguaje del profundo ser onírico.
Aquellos cálices soberbios suspiran
por desmayos tenues del pensamiento.
Llega año nuevo, crece mi sentimiento
¡Oh, mi amada
las estrellas nos miran!