Romance. Del hombre que volvio

poetakabik

Poeta veterano en el portal
Fui inocente en la tormenta
que otros vieron como culpa,
y en la sombra de un encierro
se me quebró la cordura.5

Piedra a piedra, en el silencio,
aprendí de la amargura
que el tiempo no solo pasa…
también hiere y transfigura.

Un anciano entre cadenas
me enseñó que hay otra ruta,
no la fuerza del que grita,
sino la mente que alumbra.

Y en sus labios fui encontrando
la verdad que no se juzga:
que el destino se construye
aunque el alma esté en penumbra.

Cuando el mar abrió sus brazos
y la muerte fue mi excusa,
renací sin nombre alguno…
solo sed de dar respuesta.

Ya no era aquel muchacho
de mirada limpia y justa,
era fuego contenido
bajo piel que no se inmuta.

Fui justicia y fui venganza,
fui la herida y fui la cura,
pero en cada paso hallaba
una sombra que perdura.

Porque el odio, aunque se vista
de razón, también sepulta
lo que un día fue inocente
en la luz que no se oculta.

Y al final, cuando el silencio
me enfrentó con mi figura,
comprendí que no hay victoria
si el alma queda en la lucha.

Hoy camino sin cadenas,
sin rencor y sin excusa,
porque el hombre que regresa…
ya no es quien la vida juzga.


Inspirado en la. Historia del conde de Montecristo
 
Última edición:
Fui inocente en la tormenta
que otros vieron como culpa,
y en la sombra de un encierro
se me quebró la cordura.5

Piedra a piedra, en el silencio,
aprendí de la amargura
que el tiempo no solo pasa…
también hiere y transfigura.

Un anciano entre cadenas
me enseñó que hay otra ruta,
no la fuerza del que grita,
sino la mente que alumbra.

Y en sus labios fui encontrando
la verdad que no se juzga:
que el destino se construye
aunque el alma esté en penumbra.

Cuando el mar abrió sus brazos
y la muerte fue mi excusa,
renací sin nombre alguno…
solo sed de dar respuesta.

Ya no era aquel muchacho
de mirada limpia y justa,
era fuego contenido
bajo piel que no se inmuta.

Fui justicia y fui venganza,
fui la herida y fui la cura,
pero en cada paso hallaba
una sombra que perdura.

Porque el odio, aunque se vista
de razón, también sepulta
lo que un día fue inocente
en la luz que no se oculta.

Y al final, cuando el silencio
me enfrentó con mi figura,
comprendí que no hay victoria
si el alma queda en la lucha.

Hoy camino sin cadenas,
sin rencor y sin excusa,
porque el hombre que regresa…
ya no es quien la vida juzga.


Inspirado en la. Historia del conde de Montecristo
Un hombre que ya no se juzga a sí mismo ni a los demás.

Saludos
 

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