Noctua
Poeta adicto al portal
Romeo y Julieta, amantes eternos.
Felizmente muerto - Noctua
Que ven mis ojos, una diosa entre mortales.
Aquella que lleva mi sangre,
mi amada hija, mi oscura amante.
Julieta, mi tan dulce, y amada Julieta,
llevo siglos sin saber de ti.
Un eterno tormento, un tormento sin fin.
Recordareis mi mancillado rostro, querida
soy yo, tu Romeo, oh mi dulce niña.
Del idilio que vivimos, solo yace un vago recuerdo
y te pregunto, ¿recordasteis mis besos?
Recuerdo aquellos dulces besos Romeo,
aquel hermoso amor que destilamos
que ahora es oscuro y etéreo
y que nos envuelve en un velo de lunas y muerte
La suave brisa que acaricia mi cabello
lleva un suspiro que se hace eterno
es la muerte la que sopla y reclama tu vida
es mi ser el que te quiere, es mi ser el que con ansias te posee
¿Morir?, cuanta soberbia emana de tu ser
continúas con las ansias de mi sangre beber.
Mi codiciosa amante, recuerdas en que terminamos la última vez
tu huyendo lejos de Paris,
yo muriendo por el fuego, el fuego infeliz.
Ansias de poder, ansias de asesinarme
los años te han vuelto aun más oscura, más lacerante.
Y aun más dulce, más lasciva, más sensual y sedienta
sois más hermosa cada era.
De mi catalepsia inducida me harás volver,
pues tu sangre es vida,
¡hermosa vida para mi ser!
a tu tierno y lánguido cuello adiestrare
beberé tragos enormes,
quiero saciarme, quiero matarte
quitarte la vida en varios instantes
Bebe cuanto desees, amada.
Solo recuerda, nuestro último beso al momento de luchar.
Recuerda que aun te amo, y solo por eso
te he asesinar.
Recordare nuestros labios húmedos,
escuchare la música del baile,
aquel baile de mascaras, de dualidades y frívolas personalidades;
¡ah! momentos efímeros de satisfacción que solo con ver tu alma caer
volverán a renacer.
La hermosa y oscura Verona
fue testigo de nuestro sangriento amor
encuentro de alegrías, como de dolor y perdición.
Oh, la dulce Verona, tan caótica y magistral
tan hermosa, nuestro verdadero hogar.
Recuerdas nuestro pacto de odio, para con nuestras casas,
como murieron los Caputelo por mis manos
y en las tuyas, los Montesco, se desangraron.
Somos los últimos, los únicos
los del idilio eterno, y el sangriento amor.
Somos los hijos de las tinieblas,
los maestros de horror.
Y aun con todo, la eterna juventud, el eterno placer
deseas acabar con mí ser.
El sonido de tu hoja, afilada y tan cautivante
que me quema, que es hipnotizante.
Mírame al rostro, obsérvame al desenvainar,
si me has de matar
a los ojos me miraras.
A tus pupilas, atenta siempre estaré
mientras veo en ellas su luz desvanecer
Esa mirada en el limbo se encuentra embebida
buscando salida, hurgando en las entrañas de un alma ya sin vida.
No se si al final de este envenenamiento
pueda clavar el brillante puñal
el placer de verte muerto, solo una vez ocurrirá
ese placer es mutuo, soberbio
danza entre sombras y oscuridad
Oh, claro que lo harás amada mía,
mi muerte y la tuya, el final de una era;
la casta de los boyardos hijos de las tinieblas.
Muere Julieta, muere junto a mí
muere para luego,
juntos,
en el infierno, revivir
Romeo Montesco y Julieta Capuleto
eternos amantes, eternamente muertos
Felizmente muerto - Noctua
Que ven mis ojos, una diosa entre mortales.
Aquella que lleva mi sangre,
mi amada hija, mi oscura amante.
Julieta, mi tan dulce, y amada Julieta,
llevo siglos sin saber de ti.
Un eterno tormento, un tormento sin fin.
Recordareis mi mancillado rostro, querida
soy yo, tu Romeo, oh mi dulce niña.
Del idilio que vivimos, solo yace un vago recuerdo
y te pregunto, ¿recordasteis mis besos?
Recuerdo aquellos dulces besos Romeo,
aquel hermoso amor que destilamos
que ahora es oscuro y etéreo
y que nos envuelve en un velo de lunas y muerte
La suave brisa que acaricia mi cabello
lleva un suspiro que se hace eterno
es la muerte la que sopla y reclama tu vida
es mi ser el que te quiere, es mi ser el que con ansias te posee
¿Morir?, cuanta soberbia emana de tu ser
continúas con las ansias de mi sangre beber.
Mi codiciosa amante, recuerdas en que terminamos la última vez
tu huyendo lejos de Paris,
yo muriendo por el fuego, el fuego infeliz.
Ansias de poder, ansias de asesinarme
los años te han vuelto aun más oscura, más lacerante.
Y aun más dulce, más lasciva, más sensual y sedienta
sois más hermosa cada era.
De mi catalepsia inducida me harás volver,
pues tu sangre es vida,
¡hermosa vida para mi ser!
a tu tierno y lánguido cuello adiestrare
beberé tragos enormes,
quiero saciarme, quiero matarte
quitarte la vida en varios instantes
Bebe cuanto desees, amada.
Solo recuerda, nuestro último beso al momento de luchar.
Recuerda que aun te amo, y solo por eso
te he asesinar.
Recordare nuestros labios húmedos,
escuchare la música del baile,
aquel baile de mascaras, de dualidades y frívolas personalidades;
¡ah! momentos efímeros de satisfacción que solo con ver tu alma caer
volverán a renacer.
La hermosa y oscura Verona
fue testigo de nuestro sangriento amor
encuentro de alegrías, como de dolor y perdición.
Oh, la dulce Verona, tan caótica y magistral
tan hermosa, nuestro verdadero hogar.
Recuerdas nuestro pacto de odio, para con nuestras casas,
como murieron los Caputelo por mis manos
y en las tuyas, los Montesco, se desangraron.
Somos los últimos, los únicos
los del idilio eterno, y el sangriento amor.
Somos los hijos de las tinieblas,
los maestros de horror.
Y aun con todo, la eterna juventud, el eterno placer
deseas acabar con mí ser.
El sonido de tu hoja, afilada y tan cautivante
que me quema, que es hipnotizante.
Mírame al rostro, obsérvame al desenvainar,
si me has de matar
a los ojos me miraras.
A tus pupilas, atenta siempre estaré
mientras veo en ellas su luz desvanecer
Esa mirada en el limbo se encuentra embebida
buscando salida, hurgando en las entrañas de un alma ya sin vida.
No se si al final de este envenenamiento
pueda clavar el brillante puñal
el placer de verte muerto, solo una vez ocurrirá
ese placer es mutuo, soberbio
danza entre sombras y oscuridad
Oh, claro que lo harás amada mía,
mi muerte y la tuya, el final de una era;
la casta de los boyardos hijos de las tinieblas.
Muere Julieta, muere junto a mí
muere para luego,
juntos,
en el infierno, revivir
Romeo Montesco y Julieta Capuleto
eternos amantes, eternamente muertos
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