geraldine_luna
Poeta recién llegado
Es aquella melodía la que ahora
suena lejana...
Son los pasos,
los latidos
de un corazón distante,
y yo...
solo deseo perderme
en aquella danza,
quiero seguir el ritmo de la
melodía penosa
que del vinilo escapa.
Quiero hacerme libre en aquella música,
en la sinfonía de un llanto,
que mi alma entona.
Quiero unir mis pasos a quien
desenfrenadamente
toca,
con esas míseras melodías,
ocultando bellas rosas rojas,
toca la puerta del corazón.
Y el silencio resopla...
El piano, el violín
inundan la mente de recuerdos,
que sólo dañinamente
logro evocar con dolor...
Guitarras, acordeones,
violinchelos y tambores,
y mi voz se convierte en un arpa desafinada....
Recuerdos, dolores,
añoranzas de extintos amores,
que al disfrutar inundan el corazón
de esta trágica atmósfera de rencor.
Y el humo que no se lleva al tormento,
y el sufrir se expresa en un réquiem sin voz
a la cual oír.
No es el disco el que ha terminado,
es el pesar que ha venido sin fin....
Para cuando se pueden recordar,
para que se pueda sufrir,
y espinarnos las manos con
aquellas espinas
de la rosa que se oculta en una simple canción.
Y en el canto,
y en la danza,
voy a desangrar a mi corazón,
voy a espinar tanto mis manos,
que melancolicamente
el vinilo tocaré cuando
quiera recordar aquel amor
que abandone.
Y besaré un recuadro empolvado
por el tiempo,
y de humo impregnado,
y el silencio se hará por fin cuando
se calme el llanto,
y a la tempestad de mis ojos
en llanto
la seque el viento,
azul y plateado.
Con su arrullo cálido y amoroso,
entenderá él de seguro
el dolor del amante,
que a nacido como ave del canto de
la niebla de hiel cortante.
Entenderá que nada extingue la llama,
de aquel pesar que a las alas
consume en penas claras.
Y cuando el vinilo acabe,
y la frágil aguja el disco raye,
nada valdrá intentar revivir el llanto,
que asentado estará dentro del
triste corazón,
espinado de las rosas que hay dentro de
la penosa canción.
suena lejana...
Son los pasos,
los latidos
de un corazón distante,
y yo...
solo deseo perderme
en aquella danza,
quiero seguir el ritmo de la
melodía penosa
que del vinilo escapa.
Quiero hacerme libre en aquella música,
en la sinfonía de un llanto,
que mi alma entona.
Quiero unir mis pasos a quien
desenfrenadamente
toca,
con esas míseras melodías,
ocultando bellas rosas rojas,
toca la puerta del corazón.
Y el silencio resopla...
El piano, el violín
inundan la mente de recuerdos,
que sólo dañinamente
logro evocar con dolor...
Guitarras, acordeones,
violinchelos y tambores,
y mi voz se convierte en un arpa desafinada....
Recuerdos, dolores,
añoranzas de extintos amores,
que al disfrutar inundan el corazón
de esta trágica atmósfera de rencor.
Y el humo que no se lleva al tormento,
y el sufrir se expresa en un réquiem sin voz
a la cual oír.
No es el disco el que ha terminado,
es el pesar que ha venido sin fin....
Para cuando se pueden recordar,
para que se pueda sufrir,
y espinarnos las manos con
aquellas espinas
de la rosa que se oculta en una simple canción.
Y en el canto,
y en la danza,
voy a desangrar a mi corazón,
voy a espinar tanto mis manos,
que melancolicamente
el vinilo tocaré cuando
quiera recordar aquel amor
que abandone.
Y besaré un recuadro empolvado
por el tiempo,
y de humo impregnado,
y el silencio se hará por fin cuando
se calme el llanto,
y a la tempestad de mis ojos
en llanto
la seque el viento,
azul y plateado.
Con su arrullo cálido y amoroso,
entenderá él de seguro
el dolor del amante,
que a nacido como ave del canto de
la niebla de hiel cortante.
Entenderá que nada extingue la llama,
de aquel pesar que a las alas
consume en penas claras.
Y cuando el vinilo acabe,
y la frágil aguja el disco raye,
nada valdrá intentar revivir el llanto,
que asentado estará dentro del
triste corazón,
espinado de las rosas que hay dentro de
la penosa canción.