rosas rojas

Ricardo Alvarez

Poeta que considera el portal su segunda casa






Hurgo con minucia los cuartos de tu piel dormida

inserto en el lado blanco de tus rosas rojas.

Mis dedos son diez sabuesos desenfrenados

y en tus intimas oquedades son noctámbulos jornaleros.



Busco los enigmas del ensueño montesino,

bosques de náyades donde reconozco túneles habitados por lunas,

aguas lacustres colmadas de peces lumínicos,

marcas de fuego que moran tus salones cenicientos.



Pero al ver la amplia extensión sudando sobre el tálamo

en la penumbra ciega incorporo carbonadas de cenizos.

Cuando despiertas rotas tu geografía de suave lino

y en éxtasis desesperado habito lindes de tus dunas.



Alocado como lobo sediento de carne fresca,

despierta el hambre la congestión crujiente de tus huesos,

gestionada la siembra del germen fecundo en las llanuras

penetro hileras donde fluyen las acequias.



En los surcos arados recojo espigas bronceadas en la siega

abrasadora donde aún flamean soles de incendio,

secretos que festejan el placer de los goces en la copa,

rendido a tu entrega sustancia de amor en mi tierra de bodas.



Eres la unidad nupcial que mis labios reclaman rosa en llama,

fundir dos pechos de tacto rozándose en tiernas sábanas.
 






Hurgo con minucia los cuartos de tu piel dormida

inserto en el lado blanco de tus rosas rojas.

Mis dedos son diez sabuesos desenfrenados

y en tus intimas oquedades son noctámbulos jornaleros.



Busco los enigmas del ensueño montesino,

bosques de náyades donde reconozco túneles habitados por lunas,

aguas lacustres colmadas de peces lumínicos,

marcas de fuego que moran tus salones cenicientos.



Pero al ver la amplia extensión sudando sobre el tálamo

en la penumbra ciega incorporo carbonadas de cenizos.

Cuando despiertas rotas tu geografía de suave lino

y en éxtasis desesperado habito lindes de tus dunas.



Alocado como lobo sediento de carne fresca,

despierta el hambre la congestión crujiente de tus huesos,

gestionada la siembra del germen fecundo en las llanuras

penetro hileras donde fluyen las acequias.



En los surcos arados recojo espigas bronceadas en la siega

abrasadora donde aún flamean soles de incendio,

secretos que festejan el placer de los goces en la copa,

rendido a tu entrega sustancia de amor en mi tierra de bodas.



Eres la unidad nupcial que mis labios reclaman rosa en llama,

fundir dos pechos de tacto rozándose en tiernas sábanas.
Bello, rico en imágenes e ideas muy poéticas, me ha gustado amigo Ricardo. Un abrazo. Paco.
 






Hurgo con minucia los cuartos de tu piel dormida

inserto en el lado blanco de tus rosas rojas.

Mis dedos son diez sabuesos desenfrenados

y en tus intimas oquedades son noctámbulos jornaleros.



Busco los enigmas del ensueño montesino,

bosques de náyades donde reconozco túneles habitados por lunas,

aguas lacustres colmadas de peces lumínicos,

marcas de fuego que moran tus salones cenicientos.



Pero al ver la amplia extensión sudando sobre el tálamo

en la penumbra ciega incorporo carbonadas de cenizos.

Cuando despiertas rotas tu geografía de suave lino

y en éxtasis desesperado habito lindes de tus dunas.



Alocado como lobo sediento de carne fresca,

despierta el hambre la congestión crujiente de tus huesos,

gestionada la siembra del germen fecundo en las llanuras

penetro hileras donde fluyen las acequias.



En los surcos arados recojo espigas bronceadas en la siega

abrasadora donde aún flamean soles de incendio,

secretos que festejan el placer de los goces en la copa,

rendido a tu entrega sustancia de amor en mi tierra de bodas.



Eres la unidad nupcial que mis labios reclaman rosa en llama,

fundir dos pechos de tacto rozándose en tiernas sábanas.






Hurgo con minucia los cuartos de tu piel dormida

inserto en el lado blanco de tus rosas rojas.

Mis dedos son diez sabuesos desenfrenados

y en tus intimas oquedades son noctámbulos jornaleros.



Busco los enigmas del ensueño montesino,

bosques de náyades donde reconozco túneles habitados por lunas,

aguas lacustres colmadas de peces lumínicos,

marcas de fuego que moran tus salones cenicientos.



Pero al ver la amplia extensión sudando sobre el tálamo

en la penumbra ciega incorporo carbonadas de cenizos.

Cuando despiertas rotas tu geografía de suave lino

y en éxtasis desesperado habito lindes de tus dunas.



Alocado como lobo sediento de carne fresca,

despierta el hambre la congestión crujiente de tus huesos,

gestionada la siembra del germen fecundo en las llanuras

penetro hileras donde fluyen las acequias.



En los surcos arados recojo espigas bronceadas en la siega

abrasadora donde aún flamean soles de incendio,

secretos que festejan el placer de los goces en la copa,

rendido a tu entrega sustancia de amor en mi tierra de bodas.



Eres la unidad nupcial que mis labios reclaman rosa en llama,

fundir dos pechos de tacto rozándose en tiernas sábanas.
Tacto suave, reflejos para hacerse materia en esa sed
de instintos y dejarse llevar entre la perfeccion de una
entrega unica. quedan los brotes en ese incencio de
un amor que llama rosas. son dos plenitudes de
ternura extasiante.
felicidades. magnifica obra de rincones y extrema convexidad
para un amor empapado. saludos amables de luzyabsenta.
bellissimo.
 
Tacto suave, reflejos para hacerse materia en esa sed
de instintos y dejarse llevar entre la perfeccion de una
entrega unica. quedan los brotes en ese incencio de
un amor que llama rosas. son dos plenitudes de
ternura extasiante.
felicidades. magnifica obra de rincones y extrema convexidad
para un amor empapado. saludos amables de luzyabsenta.
bellissimo.
Te agradezco estimado poeta. mis saludos amables
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba