yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Deambula con sonrisa de rupestre
y brazos abiertos de palmera
simple y docto reúne la sabiduría de lo sencillo
en el calor de su risa cargada al lado izquierdo;
no se si lo habrá intentado alguna vez,
pero por mucho que quisiera, sin duda no podría,
abortar de su encanto de chiquillo.
Me cuenta que la vida cada vez esta mas dura
y dura un segundo en su cara el señuelo de la duda,
me hace inventario de amigos en espera
y espera con paciencia de adolescente a punto de salir
a vacaciones,
volver a ser el grupo de astutos quinceañeros
sin canas, sin arrugas y con ganas
de comernos el mundo en rebanadas.
Siempre logra con su alquimia fraternal
darle un mejor sabor al vino.
Como fresco colegial le arranca lecciones a la vida,
adusto y despierto soñador ya no pide consejos al espejo;
arroja anzuelos de nostalgia en sus paredes
y cuando el pez traga la trampa
festeja como en día de reyes las horas de tertulia.
Baña con afectos la ocasión, esgrime la risa con acierto
recurre a la estrategia anecdotica
y seduce con aire de inocente a las incautas.
Encontramos coincidencias al teléfono
y cada día
en los rincones que el corazón mantiene intactos,
nos abrazamos gustosos en recuerdos
y en el torrente de años consumidos navegamos.
Algo tiene de galán y de tunante, algo de mentalista,
que con tino de hábil billarista
pone la palma en la espalda en el momento justo
y con la fuerza precisa cuando la cosa no va bien.
Y para no caer en excesos cursis y estériles,
(cosa que, estoy seguro, jamas él aprobaría)
concluyo con decirles que Ruben es mi amigo
por causas felices de la suerte
y hermano por mi propia decisión.
y brazos abiertos de palmera
simple y docto reúne la sabiduría de lo sencillo
en el calor de su risa cargada al lado izquierdo;
no se si lo habrá intentado alguna vez,
pero por mucho que quisiera, sin duda no podría,
abortar de su encanto de chiquillo.
Me cuenta que la vida cada vez esta mas dura
y dura un segundo en su cara el señuelo de la duda,
me hace inventario de amigos en espera
y espera con paciencia de adolescente a punto de salir
a vacaciones,
volver a ser el grupo de astutos quinceañeros
sin canas, sin arrugas y con ganas
de comernos el mundo en rebanadas.
Siempre logra con su alquimia fraternal
darle un mejor sabor al vino.
Como fresco colegial le arranca lecciones a la vida,
adusto y despierto soñador ya no pide consejos al espejo;
arroja anzuelos de nostalgia en sus paredes
y cuando el pez traga la trampa
festeja como en día de reyes las horas de tertulia.
Baña con afectos la ocasión, esgrime la risa con acierto
recurre a la estrategia anecdotica
y seduce con aire de inocente a las incautas.
Encontramos coincidencias al teléfono
y cada día
en los rincones que el corazón mantiene intactos,
nos abrazamos gustosos en recuerdos
y en el torrente de años consumidos navegamos.
Algo tiene de galán y de tunante, algo de mentalista,
que con tino de hábil billarista
pone la palma en la espalda en el momento justo
y con la fuerza precisa cuando la cosa no va bien.
Y para no caer en excesos cursis y estériles,
(cosa que, estoy seguro, jamas él aprobaría)
concluyo con decirles que Ruben es mi amigo
por causas felices de la suerte
y hermano por mi propia decisión.