Vanos ruegos,
vanas las suplicas
que tragadas con amargura,
hacen eco
entre los sollozos olvidados del viento.
...
Ocaso sangriento
...
Preguntas errantes
incrustadas en los suelos.
Quebranta el pecho sin consuelo,
despedaza el cielo en un suspiro sin tiempo,
allá los ruegos van sembrando espinas,
donde la sal los tapa y los mutila.
En ese yerto páramo de heridas,
abiertas en flor,
relucen el exquisito dolor
que marchita sin piedad
el frío invierno de la soledad