Aquí se agota el cielo vencido por la cumbre.
No hay nada más allá; de ti sigue el derrumbe.
En tu rostro de luz desembarcó la noche,
se hizo dura la noche y de tu huida cómplice.
No sé con qué palabras decir que me harás falta;
mas para qué palabras, si los muertos no hablan.
Sin ti me quedaré oscuro como niebla,
vagando entre la voz del aire en la tormenta.
Y nunca sabré cuál habrá sido el motivo
de ser tú mi esperanza, mi vida y mi castigo.
Aquí acabó el milagro, y ya el hastío domina;
no hay nada qué buscar: del cielo siguen ruinas.
No hay nada más allá; de ti sigue el derrumbe.
En tu rostro de luz desembarcó la noche,
se hizo dura la noche y de tu huida cómplice.
No sé con qué palabras decir que me harás falta;
mas para qué palabras, si los muertos no hablan.
Sin ti me quedaré oscuro como niebla,
vagando entre la voz del aire en la tormenta.
Y nunca sabré cuál habrá sido el motivo
de ser tú mi esperanza, mi vida y mi castigo.
Aquí acabó el milagro, y ya el hastío domina;
no hay nada qué buscar: del cielo siguen ruinas.