danie
solo un pensamiento...
Luz radiante, luz pálida y perpleja
que mana la luna con su hechicero reflejo,
con su templada esfera;
sombras de un manto
que cubre las aguas insomnes
de un ermitaño mar
y sus marejadas perecidas en las costas del viento,
ahogadas con sus propios sueños,
patibularias visiones que dejó el rastro del tiempo.
Luz blanca de un alud,
de dilapidadas atalayas que se construyeron sin forma
por la mano utópica de un anhelo.
Murallas y urbes de una humanidad derrumbada,
de un autóctono pueblo que una vez moró en mi cuerpo.
Una noche trajiste paz a mi alberge
y colonizaste mis recintos,
luego de varias lunas con tu gélido aliento
vapuleaste mi credo
y dejaste escombros y ruinas
que con el tiempo fueron solo cenizas.
Ahora solo has dejado los restos atribulados,
agonizando, temblando y muriendo.
Ruinas de un nativo pueblo
que tornan estas áridas tierras en un cementerio.
Yo camino entre los restos que una vez fueron vida,
alzo lo vista y miro al cielo…
¡Solo me queda el espejo de la luna
y en ella veo la cicuta de tu beso!
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