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Rumor de hojas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Escucho el rumor de las hojas.

Predispuestas a su implacable desgaste.

La noche acoge un millar de ruidos.

Son sus grillos los que buscan entre las piedras,

cabezas deshilachadas de alfileres neutros.

Buscan en la negrura su vaivén de fiesta.

Ponen máscara a la tiniebla final del tiempo.

Son monstruos luciferinos los que acumulan

las basuras llenas de juguetes y otros trastos inútiles.

Se vacían por las alamedas los participios rotos

y las escuelas llenan su circunferencia en la pizarra,

con trozos de leña.

Con vidrios partidos y ecuménicos sombreros.

El rumor de las hojas me promete otros pasos.

Aventura en mitad de la tierra, división de astros.

Y me escupen a la cara viejas pasiones de ídolos muertos.

Y me enseñan la marca antigua de su razón inevitable.

Es el tiempo con su flauta de pan y su hogaza imperceptibles.

Es el tiempo con su náusea diminuta contrayendo su vómito.

Es el tiempo, con su flamígera adicción de máscara contraída.

Y es el pecho que simula su vocación dormida.

Como un agua que recorre los manantiales y los hace prósperos.

Llegan de la noche ruidos y rumores partidos,

omóplatos haciendo su esfuerzo, clavos ardiendo

en mitad de la pasión, y ese fenómeno de estatuas

brindando por su falta de educación.

Es la duplicidad de un miembro.

Es la comunicación de un vaso sanguíneo.

Y es la culminación de un saco vacío

contra las almendras de recipiente.



©
 
Escucho el rumor de las hojas.

Predispuestas a su implacable desgaste.

La noche acoge un millar de ruidos.

Son sus grillos los que buscan entre las piedras,

cabezas deshilachadas de alfileres neutros.

Buscan en la negrura su vaivén de fiesta.

Ponen máscara a la tiniebla final del tiempo.

Son monstruos luciferinos los que acumulan

las basuras llenas de juguetes y otros trastos inútiles.

Se vacían por las alamedas los participios rotos

y las escuelas llenan su circunferencia en la pizarra,

con trozos de leña.

Con vidrios partidos y ecuménicos sombreros.

El rumor de las hojas me promete otros pasos.

Aventura en mitad de la tierra, división de astros.

Y me escupen a la cara viejas pasiones de ídolos muertos.

Y me enseñan la marca antigua de su razón inevitable.

Es el tiempo con su flauta de pan y su hogaza imperceptibles.

Es el tiempo con su náusea diminuta contrayendo su vómito.

Es el tiempo, con su flamígera adicción de máscara contraída.

Y es el pecho que simula su vocación dormida.

Como un agua que recorre los manantiales y los hace prósperos.

Llegan de la noche ruidos y rumores partidos,

omóplatos haciendo su esfuerzo, clavos ardiendo

en mitad de la pasión, y ese fenómeno de estatuas

brindando por su falta de educación.

Es la duplicidad de un miembro.

Es la comunicación de un vaso sanguíneo.

Y es la culminación de un saco vacío

contra las almendras de recipiente.



©


Maravilloso tu arte Ben, al edificar un poema con tan intensas imágenes y tan fluido verbo.
 
Escucho el rumor de las hojas.

Predispuestas a su implacable desgaste.

La noche acoge un millar de ruidos.

Son sus grillos los que buscan entre las piedras,

cabezas deshilachadas de alfileres neutros.

Buscan en la negrura su vaivén de fiesta.

Ponen máscara a la tiniebla final del tiempo.

Son monstruos luciferinos los que acumulan

las basuras llenas de juguetes y otros trastos inútiles.

Se vacían por las alamedas los participios rotos

y las escuelas llenan su circunferencia en la pizarra,

con trozos de leña.

Con vidrios partidos y ecuménicos sombreros.

El rumor de las hojas me promete otros pasos.

Aventura en mitad de la tierra, división de astros.

Y me escupen a la cara viejas pasiones de ídolos muertos.

Y me enseñan la marca antigua de su razón inevitable.

Es el tiempo con su flauta de pan y su hogaza imperceptibles.

Es el tiempo con su náusea diminuta contrayendo su vómito.

Es el tiempo, con su flamígera adicción de máscara contraída.

Y es el pecho que simula su vocación dormida.

Como un agua que recorre los manantiales y los hace prósperos.

Llegan de la noche ruidos y rumores partidos,

omóplatos haciendo su esfuerzo, clavos ardiendo

en mitad de la pasión, y ese fenómeno de estatuas

brindando por su falta de educación.

Es la duplicidad de un miembro.

Es la comunicación de un vaso sanguíneo.

Y es la culminación de un saco vacío

contra las almendras de recipiente.



©
Bellas imágenes acompañan tu grandiosa entrega.

Felicidades Ben y gracias por compartir tu arte.

Bendiciones y felices días.
 
Escucho el rumor de las hojas.

Predispuestas a su implacable desgaste.

La noche acoge un millar de ruidos.

Son sus grillos los que buscan entre las piedras,

cabezas deshilachadas de alfileres neutros.

Buscan en la negrura su vaivén de fiesta.

Ponen máscara a la tiniebla final del tiempo.

Son monstruos luciferinos los que acumulan

las basuras llenas de juguetes y otros trastos inútiles.

Se vacían por las alamedas los participios rotos

y las escuelas llenan su circunferencia en la pizarra,

con trozos de leña.

Con vidrios partidos y ecuménicos sombreros.

El rumor de las hojas me promete otros pasos.

Aventura en mitad de la tierra, división de astros.

Y me escupen a la cara viejas pasiones de ídolos muertos.

Y me enseñan la marca antigua de su razón inevitable.

Es el tiempo con su flauta de pan y su hogaza imperceptibles.

Es el tiempo con su náusea diminuta contrayendo su vómito.

Es el tiempo, con su flamígera adicción de máscara contraída.

Y es el pecho que simula su vocación dormida.

Como un agua que recorre los manantiales y los hace prósperos.

Llegan de la noche ruidos y rumores partidos,

omóplatos haciendo su esfuerzo, clavos ardiendo

en mitad de la pasión, y ese fenómeno de estatuas

brindando por su falta de educación.

Es la duplicidad de un miembro.

Es la comunicación de un vaso sanguíneo.

Y es la culminación de un saco vacío

contra las almendras de recipiente.



©
Espacios que se prenden en esa desnudez donde el aroma de los sonidos
va dejando un poso que se alimenta de esa ensoñacion sentida. es como
entrar en una concavidad que aplana y enraiza entre la alegoria del
pensamiento perdido. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Espacios que se prenden en esa desnudez donde el aroma de los sonidos
va dejando un poso que se alimenta de esa ensoñacion sentida. es como
entrar en una concavidad que aplana y enraiza entre la alegoria del
pensamiento perdido. excelente. saludos amables de luzyabsenta


Gracias LuzyAbsenta, recibe un cordial saludo, muy bello tu comentario!!
 

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