Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Él inventó el vapor de las calles oscuras. Él me descubrió las palabras salvajes, navegó en mi sangre y dibujo en mí veleros viajeros. Él, desde la primera vez en carne viva, en aquella playa donde quedó la arena herida, él me dejó por otra mujer. En esta asfixia, habrá que aprender las lecciones de la gaviota. Terminada la juventud, se está a merced del desasosiego de alas. Ya nadie quiere desatar esta bata blanca que me crece cuando la luna nueva. Ojos de perro marrón, ladro al silencio.
.
Aquí, en la cocina,
sentada la mujer del viernes,
la noche estrangula la realidad.
El sol rompió sus piernas,
y mientras las otras de mí
se cuelgan de los muros
siento su peso en mi corteza.
Sentada, sintiendo, expuesta,
con el silencio chocando en la bombilla,
el miedo toma café.
No sabes si agradecer, ahorcar,
o morder tu corazón hasta matarlo
porque siempre duele lo que una espera poseer.
Morir en un vértigo de huidas
antes que el mundo.
Odiale ódiale,
me grita la cuchara,
y adelante adelante,
todo será nuevo, la pared.
La confusión sigue marrón
incrédulas mis tripas,
unos ojos me miran por el café,
te amé mientras fuimos,
no sabes, ojos míos, cuánto.
Y en otra noche más sin que te vayas,
con tu acoso dulcísimo de mar,
desde el café me miras, te miro, sola.
...
..
.
Jesús Soriano
.
Él inventó el vapor de las calles oscuras. Él me descubrió las palabras salvajes, navegó en mi sangre y dibujo en mí veleros viajeros. Él, desde la primera vez en carne viva, en aquella playa donde quedó la arena herida, él me dejó por otra mujer. En esta asfixia, habrá que aprender las lecciones de la gaviota. Terminada la juventud, se está a merced del desasosiego de alas. Ya nadie quiere desatar esta bata blanca que me crece cuando la luna nueva. Ojos de perro marrón, ladro al silencio.
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Aquí, en la cocina,
sentada la mujer del viernes,
la noche estrangula la realidad.
El sol rompió sus piernas,
y mientras las otras de mí
se cuelgan de los muros
siento su peso en mi corteza.
Sentada, sintiendo, expuesta,
con el silencio chocando en la bombilla,
el miedo toma café.
No sabes si agradecer, ahorcar,
o morder tu corazón hasta matarlo
porque siempre duele lo que una espera poseer.
Morir en un vértigo de huidas
antes que el mundo.
Odiale ódiale,
me grita la cuchara,
y adelante adelante,
todo será nuevo, la pared.
La confusión sigue marrón
incrédulas mis tripas,
unos ojos me miran por el café,
te amé mientras fuimos,
no sabes, ojos míos, cuánto.
Y en otra noche más sin que te vayas,
con tu acoso dulcísimo de mar,
desde el café me miras, te miro, sola.
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Jesús Soriano
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