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Poeta asiduo al portal
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
El chico del campo se ha ido,
el mozo se ha ido
y no ha vuelto.
Dicen que fue a buscar semillas
para tener trigales nuevos,
así pintar de amarillo
los tristes campos de invierno.
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
Dejó solo a los naranjos
y a los mandarinos del huerto
y se olvidó de sus pájaros
enjaulados y de sus perros.
Se ha ido
Y no llevaba dinero.
¿Cómo comprará las semillas
cuando llegué al pueblo?
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
El chico se fue hace mucho
allá, cuando era enero;
mucha agua cayó desde entonces,
lloviznas y aguaceros
y seis lunas se formaron
blancas como espectros.
El pozo ya no chirria temprano
cuando viene su balde lleno;
todo permanece extraño,
ausente, ajeno.
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
Allá viene el mocito
con unos brazos en su cuello
y cien besos en sus mejillas;
que no viene ni solo ni serio.
A su lado viene cantando
una moza de ojazos negros,
con diadema en su cabeza
y unos claveles en su seno.
La casa que era de uno
será de dos y de un sueño.
Los perros ladran y saltan
Y los pájaros cantan de nuevo.
¡Siembren claveles blancos!
¡Siembren claveles negros…!
Salve claveles negros.
El chico del campo se ha ido,
el mozo se ha ido
y no ha vuelto.
Dicen que fue a buscar semillas
para tener trigales nuevos,
así pintar de amarillo
los tristes campos de invierno.
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
Dejó solo a los naranjos
y a los mandarinos del huerto
y se olvidó de sus pájaros
enjaulados y de sus perros.
Se ha ido
Y no llevaba dinero.
¿Cómo comprará las semillas
cuando llegué al pueblo?
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
El chico se fue hace mucho
allá, cuando era enero;
mucha agua cayó desde entonces,
lloviznas y aguaceros
y seis lunas se formaron
blancas como espectros.
El pozo ya no chirria temprano
cuando viene su balde lleno;
todo permanece extraño,
ausente, ajeno.
Salve claveles blancos.
Salve claveles negros.
Allá viene el mocito
con unos brazos en su cuello
y cien besos en sus mejillas;
que no viene ni solo ni serio.
A su lado viene cantando
una moza de ojazos negros,
con diadema en su cabeza
y unos claveles en su seno.
La casa que era de uno
será de dos y de un sueño.
Los perros ladran y saltan
Y los pájaros cantan de nuevo.
¡Siembren claveles blancos!
¡Siembren claveles negros…!