Todo dependerá, mi amor,
mi único amor,
de cuándo oigamos, próxima, angustiante,
la oscura música
disonante y melosa,
que aún sintiendo la sangre de luz meridional
entre los mandarinos y las támaras dulcísimas,
nos ha de dar aviso que muera el corazón.
Y nuestras,
tu luz, mi luz,
doradas cual las uvas llameantes de vendimia,
se ahogarán entre un beso sollozante;
y gemirán, unidas otro instante,
sin pedir perdón por tanto amar,
cual retoños que lloran contra el viento
los abrazos perdidos en ramaje;
y gemirán, también, al son del viento,
con todas nuestras fuerzas,
por las amantes,
por las pretéritas,
por las carnes de cuévanos vacíos.
© CLAUDIO MADAIRES. De su libro Donde los amantes no se atreven.
http://indicedeamoresprohibidos.blogspot.com/
mi único amor,
de cuándo oigamos, próxima, angustiante,
la oscura música
disonante y melosa,
que aún sintiendo la sangre de luz meridional
entre los mandarinos y las támaras dulcísimas,
nos ha de dar aviso que muera el corazón.
Y nuestras,
tu luz, mi luz,
doradas cual las uvas llameantes de vendimia,
se ahogarán entre un beso sollozante;
y gemirán, unidas otro instante,
sin pedir perdón por tanto amar,
cual retoños que lloran contra el viento
los abrazos perdidos en ramaje;
y gemirán, también, al son del viento,
con todas nuestras fuerzas,
por las amantes,
por las pretéritas,
por las carnes de cuévanos vacíos.
© CLAUDIO MADAIRES. De su libro Donde los amantes no se atreven.
http://indicedeamoresprohibidos.blogspot.com/