Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Satarsa, la rata
Satarsa, la rata,
es una bestia como cualquier otra,
es obediente y va a trabajar,
le gusta que procesen sus pensamientos
y que le susurren las plegarias al oído
con un poco de vino tinto.
Satarsa no es humano
pero ríe y llora como ellos,
Satarsa no es de viento
pero lame los árboles
Y la forma de sus recuerdos.
Satarsa es una rata normal….,
si entendemos como normal ser de puerto y de sogas
de colgantes y basura.
Que tan diferente es Satarsa y el que le da caza?,
como tambalea la amenaza ante distintos ojos.
Satarsa le tiene miedo a las ratas
y a su sombra también.
Satarsa come de los campos
y se aferra a las cruces,
canta himnos que no siente
y golpea hermanos que no conoce…,
por que eso es lo correcto,
así lo predijo el hombre blanco,
así lo grabo en la historia.
Lo correcto según Satarsa,
lo correcto según las ratas.
Satarsa gusta de revolcarse en el aserrín,
gusta de masticar a los muertos
y hurgar en la herida.
Satarsa tiene frió de soledad
y deglute sus uñas como el manjar mas exquisito de humanidad.
Y con cada peñasco de escalera que retrocede,
Satarsa, que dejo de ser ya solo una rata,
se va olvidando de existir.
Satarsa, la rata,
es una bestia como cualquier otra,
es obediente y va a trabajar,
le gusta que procesen sus pensamientos
y que le susurren las plegarias al oído
con un poco de vino tinto.
Satarsa no es humano
pero ríe y llora como ellos,
Satarsa no es de viento
pero lame los árboles
Y la forma de sus recuerdos.
Satarsa es una rata normal….,
si entendemos como normal ser de puerto y de sogas
de colgantes y basura.
Que tan diferente es Satarsa y el que le da caza?,
como tambalea la amenaza ante distintos ojos.
Satarsa le tiene miedo a las ratas
y a su sombra también.
Satarsa come de los campos
y se aferra a las cruces,
canta himnos que no siente
y golpea hermanos que no conoce…,
por que eso es lo correcto,
así lo predijo el hombre blanco,
así lo grabo en la historia.
Lo correcto según Satarsa,
lo correcto según las ratas.
Satarsa gusta de revolcarse en el aserrín,
gusta de masticar a los muertos
y hurgar en la herida.
Satarsa tiene frió de soledad
y deglute sus uñas como el manjar mas exquisito de humanidad.
Y con cada peñasco de escalera que retrocede,
Satarsa, que dejo de ser ya solo una rata,
se va olvidando de existir.