Nicolás Zzcko
Nicklas Trejo
Tal cual inmundicia, la belleza es insípida y temporal,
morirá con el tiempo, con agonía y sufrimiento, invernal.
La muerte es récia y amarga, cruel y despiadada,
no hay escape ni salida, la esperanza es vílmente destruida.
Tal cual un glaciar en alta mar nadie nota colapsar, así es,
en efecto esta incrédula vida llena de penas y malestar.
Ofuscada es la mente de los inícuos y bienhechores,
la frívola plaga es equivalente y no le importan posiciones,
no distingue, es imparcial, perfecta como la materia.
Estudiada por los de mente más precisa y especial,
donde la ciencia es teoría aplicada, la estructura es potenical,
el cosmos es un compuesto de sustancias y demás material,
la ciencia es opuesta al arte, la subjetividad es emocional.
Pero no está exenta de ser alabada por mi lengüa, la ciencia,
es conciza, es perfecta no admite errores y es violenta.
Explicas casi todo, excepto lo que no es natural,
fenómenos no físicos que no se pueden estudiar.
Violenta mi alma cual batir de las alas de los cuervos,
ha aceptado la teoría de Platón, pero no soy conservador,
nihilista es mi postura realista, por esos lúcidos recuerdos,
mi Dios, mi ciencia, están unidas en un tumulto abrazador.
Con las penas que he pasado hasta este día malvado,
no encuentro nada por qué vivir, mi intento de elegía ha fallado,
por que mi pena es por desprecio, sin haber nada ganado,
así es mi lastimera persepción del influjo del ser amado.
Por ello, encuentro gracia en estar sufriendo, estar llorando,
porque encuentro un lado efímero, recuedo que nada es eterno,
que estamos destinados a un abismo, al cual vamos, del cual venimos.
No hay esperanza, no hay refugio, es un juego tonto de palabras,
la vida y la muerte no son para sentirse obligado a portarlas,
dentro de nosotros hay órganos, huesos, y demás compuestos,
simples mortales que adolecen en demasía por casos obsoletos.
No vale nada la pena, luchar es un mero esfuerzo en vano,
dicen que estamos en la mano de nuestro Señor y Hermano,
¿Para qué sufrir, para qué reír, si todo acabará en instantes?
hasta escribir en esto es tedioso y fastidiante, solo me
consuela saber que soy el dueño autónomo de mi accionar,
de mi pensamiento efímero y distante, oh, dulce pesar.
morirá con el tiempo, con agonía y sufrimiento, invernal.
La muerte es récia y amarga, cruel y despiadada,
no hay escape ni salida, la esperanza es vílmente destruida.
Tal cual un glaciar en alta mar nadie nota colapsar, así es,
en efecto esta incrédula vida llena de penas y malestar.
Ofuscada es la mente de los inícuos y bienhechores,
la frívola plaga es equivalente y no le importan posiciones,
no distingue, es imparcial, perfecta como la materia.
Estudiada por los de mente más precisa y especial,
donde la ciencia es teoría aplicada, la estructura es potenical,
el cosmos es un compuesto de sustancias y demás material,
la ciencia es opuesta al arte, la subjetividad es emocional.
Pero no está exenta de ser alabada por mi lengüa, la ciencia,
es conciza, es perfecta no admite errores y es violenta.
Explicas casi todo, excepto lo que no es natural,
fenómenos no físicos que no se pueden estudiar.
Violenta mi alma cual batir de las alas de los cuervos,
ha aceptado la teoría de Platón, pero no soy conservador,
nihilista es mi postura realista, por esos lúcidos recuerdos,
mi Dios, mi ciencia, están unidas en un tumulto abrazador.
Con las penas que he pasado hasta este día malvado,
no encuentro nada por qué vivir, mi intento de elegía ha fallado,
por que mi pena es por desprecio, sin haber nada ganado,
así es mi lastimera persepción del influjo del ser amado.
Por ello, encuentro gracia en estar sufriendo, estar llorando,
porque encuentro un lado efímero, recuedo que nada es eterno,
que estamos destinados a un abismo, al cual vamos, del cual venimos.
No hay esperanza, no hay refugio, es un juego tonto de palabras,
la vida y la muerte no son para sentirse obligado a portarlas,
dentro de nosotros hay órganos, huesos, y demás compuestos,
simples mortales que adolecen en demasía por casos obsoletos.
No vale nada la pena, luchar es un mero esfuerzo en vano,
dicen que estamos en la mano de nuestro Señor y Hermano,
¿Para qué sufrir, para qué reír, si todo acabará en instantes?
hasta escribir en esto es tedioso y fastidiante, solo me
consuela saber que soy el dueño autónomo de mi accionar,
de mi pensamiento efímero y distante, oh, dulce pesar.
