Cuervo4141
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lloró la luna en el regazo de la noche,
se desvaneció la estrella en el asomo de la nube,
aulló el viento la agonía de la selva
y desperto el eco de los silencios.
Adormeció la cigarra entre las hojas petrificadas
en el desfile de los senderos,
atravesó entre los espectros el llanto de la luna
y en lamento de nube se abrazó el recuerdo.
Desolada murmura a los escombros el espectro,
de un sol palidecido entre los vaivenes de un río
seco que se perdió en el añejo ciclo de los ayeres
y entre enmudecidos ecos el sepulcro de las flores.
Acaecido está el sol y la luna atormentada;
en el cirio eterno de las sombras se agoniza
la tortura de sus anhelos ya sepultados,
entre las grutas vírgenes de una estela
inquieta en el infinito de lo prohibido
Arrojó llamas el desnudo sol, se arremetió la ingratitud en el vacío eterno de la luna
atormentada, en el celo eterno de las estrellas
marchitadas y los ecos de la noche osada.
¡No hay amanecer y la noche es eterna!
¿Dónde está el brillo de su peregrinar?
¿Dónde el rayo de su calor?
¿Quizás en el umbral de la sepultura eterna
de sus tormentos y sus lamentos?
¡Ya no volvió el sol ya amaneció en nuevas lunas
y se olvidó el sendero eterno de su luna enamorada por las casquivanas estelas de su alborada!
se desvaneció la estrella en el asomo de la nube,
aulló el viento la agonía de la selva
y desperto el eco de los silencios.
Adormeció la cigarra entre las hojas petrificadas
en el desfile de los senderos,
atravesó entre los espectros el llanto de la luna
y en lamento de nube se abrazó el recuerdo.
Desolada murmura a los escombros el espectro,
de un sol palidecido entre los vaivenes de un río
seco que se perdió en el añejo ciclo de los ayeres
y entre enmudecidos ecos el sepulcro de las flores.
Acaecido está el sol y la luna atormentada;
en el cirio eterno de las sombras se agoniza
la tortura de sus anhelos ya sepultados,
entre las grutas vírgenes de una estela
inquieta en el infinito de lo prohibido
Arrojó llamas el desnudo sol, se arremetió la ingratitud en el vacío eterno de la luna
atormentada, en el celo eterno de las estrellas
marchitadas y los ecos de la noche osada.
¡No hay amanecer y la noche es eterna!
¿Dónde está el brillo de su peregrinar?
¿Dónde el rayo de su calor?
¿Quizás en el umbral de la sepultura eterna
de sus tormentos y sus lamentos?
¡Ya no volvió el sol ya amaneció en nuevas lunas
y se olvidó el sendero eterno de su luna enamorada por las casquivanas estelas de su alborada!
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