Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi gran amigo se perdió en el camino.
¿Alguien le ha visto?
La noche le a ocultado y no me deja distinguirlo.
Busco entre carbones encendidos anhelando encontrarle.
Aquel que decía ser incondicional.
Compañero de milicia. Guardián de mis sueños.
Ahora sé ha perdido.
Parece que el frió consumió sus huesos
y la oscuridad lo llevo a alejarse.
¡Que dolor más grande! ¡Que pena tan inmensa!
Un vacío hay en mis adentros. Mi amigo sé a perdido.
Un momento... escucho un ruido.
Parece venir de los aires.
Los mismos que trajeron un día su perfume,
hoy solo huelen a hastío.
Me acerco y descubro entre mil velos
una silueta de lo que antes fue él.
Demacrado, ausente, flaco e incoherente.
Así le he encontrado.
Un olor a hiel cubre su cuerpo.
Un frió a muerte es su vestidura.
Le tomo en mis brazos y trato de sostenerle.
Agonizante solo escucho un susurro salir de sus labios.
Antes santos mas ahora son profanos.
Antes tibios, mas ahora mundanos.
Le arropo con mi alma, le canto canciones de cuna.
Y ni aún así responde a mis encantos.
El silencio sepulcral llenó el espacio.
La muerte maldita vino a llevárselo.
Nunca le escuche pedir perdón.
Y nunca le pude perdonar por irse sin decir... adiós.
¿Alguien le ha visto?
La noche le a ocultado y no me deja distinguirlo.
Busco entre carbones encendidos anhelando encontrarle.
Aquel que decía ser incondicional.
Compañero de milicia. Guardián de mis sueños.
Ahora sé ha perdido.
Parece que el frió consumió sus huesos
y la oscuridad lo llevo a alejarse.
¡Que dolor más grande! ¡Que pena tan inmensa!
Un vacío hay en mis adentros. Mi amigo sé a perdido.
Un momento... escucho un ruido.
Parece venir de los aires.
Los mismos que trajeron un día su perfume,
hoy solo huelen a hastío.
Me acerco y descubro entre mil velos
una silueta de lo que antes fue él.
Demacrado, ausente, flaco e incoherente.
Así le he encontrado.
Un olor a hiel cubre su cuerpo.
Un frió a muerte es su vestidura.
Le tomo en mis brazos y trato de sostenerle.
Agonizante solo escucho un susurro salir de sus labios.
Antes santos mas ahora son profanos.
Antes tibios, mas ahora mundanos.
Le arropo con mi alma, le canto canciones de cuna.
Y ni aún así responde a mis encantos.
El silencio sepulcral llenó el espacio.
La muerte maldita vino a llevárselo.
Nunca le escuche pedir perdón.
Y nunca le pude perdonar por irse sin decir... adiós.
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