Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se hace tarde
los abanicos arrían sus aires de bandera
caen los ojos
como lámparas que se ciegan
en los misterios de la noche,
las calles recogen sus largas vestiduras
apretándolas a sus muslos,
hablando en un murmullo
en el crepitar de un vacío que sigue moviendo las alas
y acaso desaparezca
en las ansías de un murciélago solitario.
Se hace tarde
el único local que permanece abierto
ya no vende consuelo ni alcohol a sus clientes
alguien permanece
en el último rincón que viera la luz en su despedida
y no pronuncia palabras ese alguien
y los silencios se vuelven los posos
de todos los cafés del desayuno
y la voz se aquieta en la garganta
y las calles recogen sus ropajes
que dejaron las fiestas en la almohada
de los que ya sólo piensan en si mismos
mientras se hace tarde
para enarbolar banderas.