Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Nunca es un abandono doloroso.
No pude desearte más que el mayor iluso.
He comprobado la realidad de nuestra
utópica relación hasta ahora.
Incluso llegué a decirte que te quiero.
Pero en este momento, no tengo intención
ninguna de olvidarte.
Sin ti jamás habría sabido lo que es amar.
Qué importa si yo para ti era un juguete o no.
He comprendido al fin que las palabras
en caliente no son malintencionadas.
Porque así te sentí, pura y caliente,
como si hubiera parido la luz de tu mirada.
Y mis ojos buscan, y a cada instante encuentran
un motivo para encender sus alarmas.
Porque nunca se me dio bien aparentar,
porque no me conocía.
Eso es sin duda lo más vituperable que existe.
Todo era un insulto, una difamación de mi mundo imaginario.
No pude desearte más que el mayor iluso.
He comprobado la realidad de nuestra
utópica relación hasta ahora.
Incluso llegué a decirte que te quiero.
Pero en este momento, no tengo intención
ninguna de olvidarte.
Sin ti jamás habría sabido lo que es amar.
Qué importa si yo para ti era un juguete o no.
He comprendido al fin que las palabras
en caliente no son malintencionadas.
Porque así te sentí, pura y caliente,
como si hubiera parido la luz de tu mirada.
Y mis ojos buscan, y a cada instante encuentran
un motivo para encender sus alarmas.
Porque nunca se me dio bien aparentar,
porque no me conocía.
Eso es sin duda lo más vituperable que existe.
Todo era un insulto, una difamación de mi mundo imaginario.