DeSolís
Poeta recién llegado
Se posa una corneja
en mi omóplato,
devora mis orejas
y mi estilóbato.
¿Cómo sostendré mi templo?
Tan adictivo como el opio,
lo noto cuando retiemblo
girando el caleidoscopio.
Sin audición, sin cimientos,
lamento mucho el hecho
de darle arrendamientos
al ave bajo mi techo.
Aún quedan cosas peores:
estar caducado y dolorido,
sufriente de mal de amores
¡Pero al fin le he visto el sentido!
Así que, cierra bien los ojos,
no vaya a ser que te enteres,
que entre mil lirios rojos
hay camuflados claveles.
en mi omóplato,
devora mis orejas
y mi estilóbato.
¿Cómo sostendré mi templo?
Tan adictivo como el opio,
lo noto cuando retiemblo
girando el caleidoscopio.
Sin audición, sin cimientos,
lamento mucho el hecho
de darle arrendamientos
al ave bajo mi techo.
Aún quedan cosas peores:
estar caducado y dolorido,
sufriente de mal de amores
¡Pero al fin le he visto el sentido!
Así que, cierra bien los ojos,
no vaya a ser que te enteres,
que entre mil lirios rojos
hay camuflados claveles.