Sé que el amor habita en la huella del aire
que vuelve algunas veces
a cerrar el paréntesis del tiempo
que no ha sabido negociar sus horas
y vive abierto en demasiadas ocasiones
sin la casualidad del encuentro preciso.
Justo al cumplirse el quinto aniversario
del baile sin pareja en la epidermis,
las hojas moribundas me rodean
como si yo fuese la sombra de los sauces,
la ráfaga que el lustro necesita
para ser completada
la muerte del oxígeno,
la caída del árbol hoja a hoja
hasta que deshabite su pasado.
Y vuelva a contemplar las estaciones,
el masaje ocular de una figura
con la curva que cierra aquel paréntesis
que aún estaba abierto en las edades,
al fin con el abrazo entre las ramas.
que vuelve algunas veces
a cerrar el paréntesis del tiempo
que no ha sabido negociar sus horas
y vive abierto en demasiadas ocasiones
sin la casualidad del encuentro preciso.
Justo al cumplirse el quinto aniversario
del baile sin pareja en la epidermis,
las hojas moribundas me rodean
como si yo fuese la sombra de los sauces,
la ráfaga que el lustro necesita
para ser completada
la muerte del oxígeno,
la caída del árbol hoja a hoja
hasta que deshabite su pasado.
Y vuelva a contemplar las estaciones,
el masaje ocular de una figura
con la curva que cierra aquel paréntesis
que aún estaba abierto en las edades,
al fin con el abrazo entre las ramas.