Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde que la pertinaz memoria ya
no alcanza
para proteger el tibio fruto de lo
prohibido,
ni el intenso pesar que he sentido
al desterrar
los abrazos de tus anillos dorados,
y de tus mejillas que derrotaron la
bella ceremonia del amor,
para abandonar al fin mi pecho al abrigo
de la ausencia,
con esa dura presteza que retuerce y
desgarra
en instantes la intemperie de este
corazón
tantas veces fustigado, que aún prosigue
anillando tu fuego
incomparable a sabiendas de que ya no
no habrá más penas, ni tampoco
olvidos,
ni desbocados deseos, ni muecas
salvajes,
ni entradas adonde guardas con temor
reverencial,
el delicado sitio de los ultrajes,
durante las solitarias noches de rasgos
impresos,
en aquel sitio cómodo de desencantos
y poemas
hoy desparramados en senderos entre
dispersas hojas otoñales.
Poemas mil veces resistidos, presunta
resistencia que
resiste la pulida negativa que tiene
cierto alcance
y resbala por tus mejillas sonrojadas
hasta el final,
cuando viajé en el silencio de tus ojos
hacia la oquedad del día
cuando estoy seguro de que ya nunca
estarás.
no alcanza
para proteger el tibio fruto de lo
prohibido,
ni el intenso pesar que he sentido
al desterrar
los abrazos de tus anillos dorados,
y de tus mejillas que derrotaron la
bella ceremonia del amor,
para abandonar al fin mi pecho al abrigo
de la ausencia,
con esa dura presteza que retuerce y
desgarra
en instantes la intemperie de este
corazón
tantas veces fustigado, que aún prosigue
anillando tu fuego
incomparable a sabiendas de que ya no
no habrá más penas, ni tampoco
olvidos,
ni desbocados deseos, ni muecas
salvajes,
ni entradas adonde guardas con temor
reverencial,
el delicado sitio de los ultrajes,
durante las solitarias noches de rasgos
impresos,
en aquel sitio cómodo de desencantos
y poemas
hoy desparramados en senderos entre
dispersas hojas otoñales.
Poemas mil veces resistidos, presunta
resistencia que
resiste la pulida negativa que tiene
cierto alcance
y resbala por tus mejillas sonrojadas
hasta el final,
cuando viajé en el silencio de tus ojos
hacia la oquedad del día
cuando estoy seguro de que ya nunca
estarás.
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