BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora se sabe que el último pecho quedó hueco, y que las lágrimas de antes de ayer sonaron excesivamente aburridas para el fuego que invadió los palcos, que las lunas demostraron tener mejor oído para las letanías, y que los patos nadan al revés con la cabeza punta abajo.
Los excelsos sonidos de lenguas submarinas tropiezan con la largamente ausente materia prima, y que allí abajo, no ruedan fuertes los espinos ni las púas del erizo de mar. Soflamas incendiarias prometen abarcar el lado opuesto de los barcos, y las quillas empujadas hasta alta mar, volverán alegres y hermosas cuando las sacuda el viento. La arena de las bolas de nieve, agitadas por manos ridículas, emergerá y proclamará su seductor advenimiento, la arena y esa sangre que circula apilada por el musgo de la tarde. Lo más hermoso será cazar árboles con quemaduras de titanio, y reemplazar la verdad del hombre, con su amistoso tesoro escondido.
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Los excelsos sonidos de lenguas submarinas tropiezan con la largamente ausente materia prima, y que allí abajo, no ruedan fuertes los espinos ni las púas del erizo de mar. Soflamas incendiarias prometen abarcar el lado opuesto de los barcos, y las quillas empujadas hasta alta mar, volverán alegres y hermosas cuando las sacuda el viento. La arena de las bolas de nieve, agitadas por manos ridículas, emergerá y proclamará su seductor advenimiento, la arena y esa sangre que circula apilada por el musgo de la tarde. Lo más hermoso será cazar árboles con quemaduras de titanio, y reemplazar la verdad del hombre, con su amistoso tesoro escondido.
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