César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
A los/as jóvenes de mi país y del mundo que están siendo usados/as, torturados/as y asesinados/as para satisfacer la codicia de viejos/as carcamanes, o por la incapacidad de quienes combatimos a esos/as carcamanes... para proteger a nuestros/as muchachos/as.
Se van los jóvenes por las alcantarillas
mientras los adultos, las adultas, no miramos.
Se van las jóvenes por los agujeros
mientras las adultas, los adultos nos hacemos los tontos.
Se van los jóvenes, las jóvenes en vuelo
hacia la trágica incertidumbre yerta,
mientras los adultos, las adultas, ya no nos preguntamos qué pasa.
Se van las y los jóvenes
en el metal de un cuchillo, de una bala,
como hojas arrancadas al árbol de la vida
por un insaciable animal devorador de sueños,
mientras los adultos, las adultas,
nos mimetizamos con la piel del árbol para no ser vistos.
Se van los y las jóvenes a ser semillas
sin haber llegado a ser árboles,
mientras las adultas, los adultos,
nos conformamos con ser paja, musgo, mediocre nada.
Se van las y los jóvenes al suplicio,
a la cruz de los inquisidores,
mientras los adultos, las adultas,
nos arrodillamos para besar el látigo
con el que serán despedazadas... nuestras hijas, nuestros niños.
Se van lejos, lejos, muy lejos
nuestros hijos, nuestras niñas,
donde no podemos alcanzarlos,
mientras los adultos, las adultas,
acompañamos por un día o dos entre chistes y aguardiente los velorios.
Se van a la selva nuestras niñas, nuestros hijos
a torturar y a sufrir torturas son llevados
son llevadas... a matar y a morir sacrificadas
Mientras los adultos, las adultas
jugamos al dominó, al bingo, a los negocios,
a la televisión, al baile y a las cartas
¡Ah, -se me olvidada-: también a los caballos y a la lotería!
Se pierden en la guerra nueva
no llamada "guerra" sino "crisis" nuestros jóvenes,
nuestras jóvenas, nuestras hijas, nuestros hijos...
mientras las adultas, los adultos,
malditamente seguimos poniéndolos al frente para que se pierdan.
Se van Robert, María, Yomber, Brayan, Yoneizi...
caídos de diferentes formas en la misma guerra,
ante nuestro largo estupor rayano en idiotez y en deleznable cobardía.
¿Será que alguna vez los cuidaremos?
¿Será que adquiriremos el valor para salvarlas?
¿Tendremos la consciencia, la determinación de heredarles vida
-es decir, PATRIA y MATRIA- a nuestras hijas, nuestros hijos?
Esta es una pelea de adultos, adultas,
en la que mueren niñas, niños,
y los adultos, las adultas, inmoralmente nos quedamos vivos.
Esta es la nueva y viejísima guerra,
con piel de oveja y alma de pedernal.
Este es nuestro tiempo, nuestro reto.
Se van los jóvenes por las alcantarillas
mientras los adultos, las adultas, no miramos.
Se van las jóvenes por los agujeros
mientras las adultas, los adultos nos hacemos los tontos.
Se van los jóvenes, las jóvenes en vuelo
hacia la trágica incertidumbre yerta,
mientras los adultos, las adultas, ya no nos preguntamos qué pasa.
Se van las y los jóvenes
en el metal de un cuchillo, de una bala,
como hojas arrancadas al árbol de la vida
por un insaciable animal devorador de sueños,
mientras los adultos, las adultas,
nos mimetizamos con la piel del árbol para no ser vistos.
Se van los y las jóvenes a ser semillas
sin haber llegado a ser árboles,
mientras las adultas, los adultos,
nos conformamos con ser paja, musgo, mediocre nada.
Se van las y los jóvenes al suplicio,
a la cruz de los inquisidores,
mientras los adultos, las adultas,
nos arrodillamos para besar el látigo
con el que serán despedazadas... nuestras hijas, nuestros niños.
Se van lejos, lejos, muy lejos
nuestros hijos, nuestras niñas,
donde no podemos alcanzarlos,
mientras los adultos, las adultas,
acompañamos por un día o dos entre chistes y aguardiente los velorios.
Se van a la selva nuestras niñas, nuestros hijos
a torturar y a sufrir torturas son llevados
son llevadas... a matar y a morir sacrificadas
Mientras los adultos, las adultas
jugamos al dominó, al bingo, a los negocios,
a la televisión, al baile y a las cartas
¡Ah, -se me olvidada-: también a los caballos y a la lotería!
Se pierden en la guerra nueva
no llamada "guerra" sino "crisis" nuestros jóvenes,
nuestras jóvenas, nuestras hijas, nuestros hijos...
mientras las adultas, los adultos,
malditamente seguimos poniéndolos al frente para que se pierdan.
Se van Robert, María, Yomber, Brayan, Yoneizi...
caídos de diferentes formas en la misma guerra,
ante nuestro largo estupor rayano en idiotez y en deleznable cobardía.
¿Será que alguna vez los cuidaremos?
¿Será que adquiriremos el valor para salvarlas?
¿Tendremos la consciencia, la determinación de heredarles vida
-es decir, PATRIA y MATRIA- a nuestras hijas, nuestros hijos?
Esta es una pelea de adultos, adultas,
en la que mueren niñas, niños,
y los adultos, las adultas, inmoralmente nos quedamos vivos.
Esta es la nueva y viejísima guerra,
con piel de oveja y alma de pedernal.
Este es nuestro tiempo, nuestro reto.
Octubre de crimen y cobardía, 2014. César Guevara.