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Puede que sea cierto y solo seamos unos ladrones…
Puede que no nos quede otra opción,
que los vientos nunca nos sean favorables
y en la llanura de la vega los naranjos
se apropien de la brisa del viento,
que en lo alto de la montaña la nieve
oculte el brote de las flores nuevas,
que las nubes con su arrebujada figura
tomen para sí los rayos exhaustos del sol,
la higuera aprisione los ecos de las aves
y los esconda entre sus hojas erizadas,
puede amor, que como ellos, solo seamos unos ladrones.
Es verdad que nos apropiamos del tiempo
pero no somos dueños de la pasión que nos cubre,
ni siquiera del latido dolido del pecho
que intenta romper sus grilletes de hueso,
del trabado paso incoherente y cansado
que no sabe el porqué de su vagar continuo,
ni del beso que de pronto se ofrece a los labios
y sin remitente se pierde en el camino.
-¡Ni siquiera eso nos pertenece!...
Solo el amor que nos embarga en esos ratos,
en esos breves instantes ocultos para el mundo,
cuando la puerta se cierra tras nuestros pasos
y nos fundimos en un abrazo al compás de una melodía,
nos besamos grabando en nuestros comisuras
la suave y delicada fragancia de nuestra piel,
pero tú y yo solo somos unos ladrones
que robamos un poco de tiempo a la vida
con la esperanza de que todo se detenga
y aquel baile al compás de nuestros besos sea eterno,
pero ya sabes que nada es nuestro,
ni siquiera la felicidad de esos momentos
por los cuales nos sentimos unos ladrones.
Puede que sea cierto y solo seamos unos ladrones…
Puede que no nos quede otra opción,
que los vientos nunca nos sean favorables
y en la llanura de la vega los naranjos
se apropien de la brisa del viento,
que en lo alto de la montaña la nieve
oculte el brote de las flores nuevas,
que las nubes con su arrebujada figura
tomen para sí los rayos exhaustos del sol,
la higuera aprisione los ecos de las aves
y los esconda entre sus hojas erizadas,
puede amor, que como ellos, solo seamos unos ladrones.
Es verdad que nos apropiamos del tiempo
pero no somos dueños de la pasión que nos cubre,
ni siquiera del latido dolido del pecho
que intenta romper sus grilletes de hueso,
del trabado paso incoherente y cansado
que no sabe el porqué de su vagar continuo,
ni del beso que de pronto se ofrece a los labios
y sin remitente se pierde en el camino.
-¡Ni siquiera eso nos pertenece!...
Solo el amor que nos embarga en esos ratos,
en esos breves instantes ocultos para el mundo,
cuando la puerta se cierra tras nuestros pasos
y nos fundimos en un abrazo al compás de una melodía,
nos besamos grabando en nuestros comisuras
la suave y delicada fragancia de nuestra piel,
pero tú y yo solo somos unos ladrones
que robamos un poco de tiempo a la vida
con la esperanza de que todo se detenga
y aquel baile al compás de nuestros besos sea eterno,
pero ya sabes que nada es nuestro,
ni siquiera la felicidad de esos momentos
por los cuales nos sentimos unos ladrones.