AgioNIMO
NEMO
En las suelas de mis pasos
resuenan piedrecillas sin remedio,
perceptible al sentido inpronunciado,
que interrogan mis palabras a quien quiero.
Subrayan en cursiva en lo que me he equivocado
y se forman nubecillas cuando las susurro al viento.
Luego vuelven ráfagas en contra, las cuales las recibo
con la delicadez que me ofrecía hacia tus labios.
Este es mi regalo. Mi cariño siempre encontrado,
donde no se ubique mi sombra a través del tiempo,
y que sigue la esperanza que vas dejando en cada paso,
el amanecer detrás de la ventana, el persistente abrazo
el que recibes cuando vences tus lamentos.
resuenan piedrecillas sin remedio,
perceptible al sentido inpronunciado,
que interrogan mis palabras a quien quiero.
Subrayan en cursiva en lo que me he equivocado
y se forman nubecillas cuando las susurro al viento.
Luego vuelven ráfagas en contra, las cuales las recibo
con la delicadez que me ofrecía hacia tus labios.
Este es mi regalo. Mi cariño siempre encontrado,
donde no se ubique mi sombra a través del tiempo,
y que sigue la esperanza que vas dejando en cada paso,
el amanecer detrás de la ventana, el persistente abrazo
el que recibes cuando vences tus lamentos.
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