Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Agitadas las brisas
juegan en las estancias,
mi corazón es el
jarrón que cae y
los pedazos los
recoge el olvido.
Abro las puertas
a los barridos
del viento,
mi idea del soñar
en mi cielo interior
es una lámpara apagada.
Quisiera abrir mis
venas bajo los árboles y
cuando muera,
recordar solamente
la alegría matinal
que había elegido
la esperanza.
Siento el deseo
insano de aplastar
las mariposas que
se posan en mi cara
poblada con flores de
raíces congeladas.
Cruzo el camino
salvaje de las espinas,
callejón sin salida,
donde los sueños
habitan frescos
bajo un cuerpo frío.
Se ajaron las flores
que en el jardín tenía,
mi manera de amar
era una catedral de
silencios elegidos y
mi escalera de sueños
era la estatua de
una mujer
que debía venir.
(Es la hora donde
el pasado,
como fruta amarga,
se convierte en una
sensación de miedo).
juegan en las estancias,
mi corazón es el
jarrón que cae y
los pedazos los
recoge el olvido.
Abro las puertas
a los barridos
del viento,
mi idea del soñar
en mi cielo interior
es una lámpara apagada.
Quisiera abrir mis
venas bajo los árboles y
cuando muera,
recordar solamente
la alegría matinal
que había elegido
la esperanza.
Siento el deseo
insano de aplastar
las mariposas que
se posan en mi cara
poblada con flores de
raíces congeladas.
Cruzo el camino
salvaje de las espinas,
callejón sin salida,
donde los sueños
habitan frescos
bajo un cuerpo frío.
Se ajaron las flores
que en el jardín tenía,
mi manera de amar
era una catedral de
silencios elegidos y
mi escalera de sueños
era la estatua de
una mujer
que debía venir.
(Es la hora donde
el pasado,
como fruta amarga,
se convierte en una
sensación de miedo).
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