poetakabik
Poeta veterano en el portal
Se apagaron las luces del jardín de tu encanto,
la luna se hizo niebla sobre el viejo balcón,
y el viento, entre rosales, murmura bajo y tanto
tu nombre, que en mi pecho se volvió oración.
Tu sombra se disuelve como un canto lejano,
la fuente ya no canta su cristal ni su olor,
y el eco de tus pasos, tan leve y tan humano,
se pierde entre las hojas del último temblor.
Te fuiste como el alba que al besar se despide,
dejando entre mis manos un perfume un adios,
yo busco entre los días lo que el tiempo divide,
un verso que aún conserve la forma de tu voz.
Y al fin comprendo —tarde—, lo que el alma no olvida:
que amar fue dar la muerte… y fue sentir la vida.
Regresas, amor mío, como un soplo callado,
rozando con tu esencia los lirios del ayer;
te siento entre las sombras, tan cerca y tan alado,
que el alma se estremece queriendo renacer.
No hay muerte que te apague, ni olvido que te niegue,
tu voz aún me persigue, tu risa es mi fulgor;
si cierro los sentidos, tu imagen me sosiega,
si abro los ojos, todo respira amor.
Renaces en la brisa que besa mis ventanas,
en cada amanecer que retorna sin piedad,
en el rumor del río, en las noches tempranas,
en todo lo que existe… te vuelvo a encontrar.
Y así, sin poseerte, te tengo en mi memoria,
como un eco infinito que nunca busca gloria.
la luna se hizo niebla sobre el viejo balcón,
y el viento, entre rosales, murmura bajo y tanto
tu nombre, que en mi pecho se volvió oración.
Tu sombra se disuelve como un canto lejano,
la fuente ya no canta su cristal ni su olor,
y el eco de tus pasos, tan leve y tan humano,
se pierde entre las hojas del último temblor.
Te fuiste como el alba que al besar se despide,
dejando entre mis manos un perfume un adios,
yo busco entre los días lo que el tiempo divide,
un verso que aún conserve la forma de tu voz.
Y al fin comprendo —tarde—, lo que el alma no olvida:
que amar fue dar la muerte… y fue sentir la vida.
Regresas, amor mío, como un soplo callado,
rozando con tu esencia los lirios del ayer;
te siento entre las sombras, tan cerca y tan alado,
que el alma se estremece queriendo renacer.
No hay muerte que te apague, ni olvido que te niegue,
tu voz aún me persigue, tu risa es mi fulgor;
si cierro los sentidos, tu imagen me sosiega,
si abro los ojos, todo respira amor.
Renaces en la brisa que besa mis ventanas,
en cada amanecer que retorna sin piedad,
en el rumor del río, en las noches tempranas,
en todo lo que existe… te vuelvo a encontrar.
Y así, sin poseerte, te tengo en mi memoria,
como un eco infinito que nunca busca gloria.