Cristóbal Sandoval
Poeta recién llegado
El fin del alumbrar de la media mañana, me hacen darme
cuenta que es hora de cranear para poder sorprenderla.
Que podré hacer para saciar con mis palabras, como darle
en el gusto, como lograr que en mi punto final sus ojos
se cristalicen de lágrimas y el acariciar de sus dedos para
desaparecer todo rastro de tristeza en su rostro,
que se desenlace con una fruncida sonrisa de alegría
al saber que tal hombre empedernido aun la ama.
En el transcurso de la luz de la estrella madre,
no encuentre la forma. El frío invernal no me ayuda a congelar
el rencor de los recuerdas que se apoderan en contra mía.
La luna se alza sobre mi y me invaden los sueños nuevamente,
me ayudan a poseer tal bella figura, que cautiva
mi atención, que mis oídos la captan y me calma
sus dulces tonos al susurrarme, que mi cuerpo
reconozca sus abrazos y manos, cuando sueño la
disfruto cerca, mas halla de los limites. ¡Déjame
que mis labios se reencuentren con los tuyos!,
quizás se aún se recuerden, no hagamos
que ellos paguen mis errores.
Vuelvo a despertar y todo se rehace, igual que ayer,
que hoy y el resto de mis días como mortal. No
encontré la formula para producir tus lagrimas de alegría.
Tranquila, que se hacerlo con las mías, esas que son de tristeza,
lo podrás notar el verme a los ojos, el surco
de mi dolor es mas que evidente.
Eres mía sólo en sueños, estoy atado y no
podre cambiar la historia.
Fuiste real, y lloro por no obtener más futuros recuerdos,
te lloro cada noche, cuando esa luna alcanza su punto más alto,
cuando todo se encentran inconscientes por sus propios sueños,
yo vivo sufriendo con los míos, por que se que cuando despierte
nadie me estará esperando con placer.
Calmar la hambre de ti es mi mayor dilema,
la inanición es más que latente, mis días de vida
están contados. El problema no es morir, la cuestión
es que si hay vida después de la muerte, tu no estarás.
cuenta que es hora de cranear para poder sorprenderla.
Que podré hacer para saciar con mis palabras, como darle
en el gusto, como lograr que en mi punto final sus ojos
se cristalicen de lágrimas y el acariciar de sus dedos para
desaparecer todo rastro de tristeza en su rostro,
que se desenlace con una fruncida sonrisa de alegría
al saber que tal hombre empedernido aun la ama.
En el transcurso de la luz de la estrella madre,
no encuentre la forma. El frío invernal no me ayuda a congelar
el rencor de los recuerdas que se apoderan en contra mía.
La luna se alza sobre mi y me invaden los sueños nuevamente,
me ayudan a poseer tal bella figura, que cautiva
mi atención, que mis oídos la captan y me calma
sus dulces tonos al susurrarme, que mi cuerpo
reconozca sus abrazos y manos, cuando sueño la
disfruto cerca, mas halla de los limites. ¡Déjame
que mis labios se reencuentren con los tuyos!,
quizás se aún se recuerden, no hagamos
que ellos paguen mis errores.
Vuelvo a despertar y todo se rehace, igual que ayer,
que hoy y el resto de mis días como mortal. No
encontré la formula para producir tus lagrimas de alegría.
Tranquila, que se hacerlo con las mías, esas que son de tristeza,
lo podrás notar el verme a los ojos, el surco
de mi dolor es mas que evidente.
Eres mía sólo en sueños, estoy atado y no
podre cambiar la historia.
Fuiste real, y lloro por no obtener más futuros recuerdos,
te lloro cada noche, cuando esa luna alcanza su punto más alto,
cuando todo se encentran inconscientes por sus propios sueños,
yo vivo sufriendo con los míos, por que se que cuando despierte
nadie me estará esperando con placer.
Calmar la hambre de ti es mi mayor dilema,
la inanición es más que latente, mis días de vida
están contados. El problema no es morir, la cuestión
es que si hay vida después de la muerte, tu no estarás.