Z. Gómez
Poeta recién llegado
No quedará más que el eco de mis pisadas,
olvidadas entre los charcos del licor
que noche tras noche derramé en cava ajena.
Recordaré el buqué de tu aliento que me envolvía
hasta dejarme sumido en el delirium
provocado por tus ojos embriagantes.
Y mientras tanto, intento dominar el tiempo;
volverlo mi cómplice al cruzar el pasillo
temblando entre el ansia de querer desintoxicarme
la piel de tus recuerdos.
Pero mírate ahora, malvada,
que no has de tener piedad de mí:
entre los estertores de mi cuerpo te presentas,
haciéndome retroceder mis doce pasos
y caer de nuevo ante el umbral de tu aposento.
...y tus labios, mujer,tus labios
se vuelven copa de cristal que retorna hacia los míos,
sólo para perderme en el fondo de tu vaso
al tiempo que repica en mi mente la misma promesa falaz
de todos los fines:
Mañana te dejo...
olvidadas entre los charcos del licor
que noche tras noche derramé en cava ajena.
Recordaré el buqué de tu aliento que me envolvía
hasta dejarme sumido en el delirium
provocado por tus ojos embriagantes.
Y mientras tanto, intento dominar el tiempo;
volverlo mi cómplice al cruzar el pasillo
temblando entre el ansia de querer desintoxicarme
la piel de tus recuerdos.
Pero mírate ahora, malvada,
que no has de tener piedad de mí:
entre los estertores de mi cuerpo te presentas,
haciéndome retroceder mis doce pasos
y caer de nuevo ante el umbral de tu aposento.
...y tus labios, mujer,tus labios
se vuelven copa de cristal que retorna hacia los míos,
sólo para perderme en el fondo de tu vaso
al tiempo que repica en mi mente la misma promesa falaz
de todos los fines:
Mañana te dejo...
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