Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Sesenta y cinco
Sesenta y cinco ayes,
sesenta y cinco gritos,
porque el progreso exige
que los hombres penetren
esos pozos malditos.
Y cientos en la espera,
con el alma en un hilo
entre dolor y llanto,
con solo la esperanza
de ver de nuevo al hijo,
al hermano y al padre,
al esposo, al amigo.
Con sus dientes, la tierra,
con un solo bocado
se los ha engullido.
Y ellos, ¡Dios mío!, tan solo han sido,
de la miseria esclavos,
desde hace tantos siglos;
porque el avance del mundo
no penetró en la minas.
Se detuvo en las puertas
que la avaricia hizo.
Sesenta y cinco ayes,
sesenta y cinco gritos,
sesenta y cinco héroes
que se han ido.
Sesenta y cinco ayes,
sesenta y cinco gritos,
porque el progreso exige
que los hombres penetren
esos pozos malditos.
Y cientos en la espera,
con el alma en un hilo
entre dolor y llanto,
con solo la esperanza
de ver de nuevo al hijo,
al hermano y al padre,
al esposo, al amigo.
Con sus dientes, la tierra,
con un solo bocado
se los ha engullido.
Y ellos, ¡Dios mío!, tan solo han sido,
de la miseria esclavos,
desde hace tantos siglos;
porque el avance del mundo
no penetró en la minas.
Se detuvo en las puertas
que la avaricia hizo.
Sesenta y cinco ayes,
sesenta y cinco gritos,
sesenta y cinco héroes
que se han ido.
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