Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Nos encontramos en el vértice exacto,
donde el deseo se pliega sobre sí mismo
como un papel que se rompe en silencio.
No hay arriba ni abajo,
solo esta danza circular
de labios y manos que no saben detenerse.
Es un juego de hambre compartida,
un equilibrio perfecto de dar y recibir
donde tu piel se convierte en mi idioma
y mi lengua traduce el poema
que sólo tu cuerpo sabe escribir.
Ahí, en esa geometría de suspiros,
no hay tiempo ni espacio,
solo el instante en que tu aliento
se mezcla con el mío,
y el mundo deja de importar.
Es el todo y la nada,
la ebriedad de sentirte tan cerca
que el placer se confunde con el abismo,
y caemos, juntos,
en un vacío lleno de nosotros.
Porque ahí, en esa postura sagrada,
no somos dos,
somos un círculo infinito
que se busca, se encuentra
y se pierde otra vez,
como si amar fuera un rito
y el deseo, una plegaria sin final.
donde el deseo se pliega sobre sí mismo
como un papel que se rompe en silencio.
No hay arriba ni abajo,
solo esta danza circular
de labios y manos que no saben detenerse.
Es un juego de hambre compartida,
un equilibrio perfecto de dar y recibir
donde tu piel se convierte en mi idioma
y mi lengua traduce el poema
que sólo tu cuerpo sabe escribir.
Ahí, en esa geometría de suspiros,
no hay tiempo ni espacio,
solo el instante en que tu aliento
se mezcla con el mío,
y el mundo deja de importar.
Es el todo y la nada,
la ebriedad de sentirte tan cerca
que el placer se confunde con el abismo,
y caemos, juntos,
en un vacío lleno de nosotros.
Porque ahí, en esa postura sagrada,
no somos dos,
somos un círculo infinito
que se busca, se encuentra
y se pierde otra vez,
como si amar fuera un rito
y el deseo, una plegaria sin final.