Si el mundo fuera de los niños, nos despertaríamos cuando ya no tuvieramos sueño. No cuando, fatigosamente, suena el despertador.
Si el mundo fuera de los niños, el trabajo sería un juego, y cada mañana una aventura que afrontar. Los problemas se solucionarían con un "a ver quien corre más" y la merienda se compartiría por igual.
Si el mundo fuera de los niños nos sorprenderíamos cada vez que viéramos una mariposa volar, un perro ladrar, un avión en el cielo o un dulce caramelo.
Si el mundo fuera de los niños, los árboles serían columpios y no madera para muebles ni papel que malgastar, los armarios cuevas secretas y una caja de cartón un barco pirata que navega en alta mar.
Si el mundo fuera de los niños, las estrellas serían lejanos planetas a los que viajar, el sol un amigo que calienta y la luna alguien que te vigila cuando te acuestas.
Si el mundo fuera de los niños, los bosques serían el refugio de los duendes, las hadas y los gnomos, no algo de lo que indiscriminadamente nos podemos aprovechar.
Si el mundo fuera de los niños, la vida sería trasparente y las cosquillas suficientes, para dejar de llorar. Las rodillas peladas las marcas de una aventura genial y la ropa sucia las consecuencias inevitables del jugar.
Si el mundo fuera de los niños, la inocencia sería una virtud y las canciones infantiles verdaderos himnos que entonar.
Si el mundo fuera de los niños, los derechos serían hechos y no sueños que alcanzar. No hubiera hecho falta formularlos porque siempre habrían reinado como una gran verdad, como algo natural.
Si el mundo fuera de los niños, no tendríamos que luchar por sus derechos, porque estarían miraras donde miraras y los notarías al respirar.
Si a veces los niños son crueles, no nos engañemos, culpa nuestra será.
Y sí, si el mundo fuera de los niños, la vida sonreiria más y la magia sería más auténtica, más real!
Si el mundo fuera de los niños, por la noche sólo se apagarían las luces, para encender los sueños al soñar!
Si el mundo fuera de los niños, el trabajo sería un juego, y cada mañana una aventura que afrontar. Los problemas se solucionarían con un "a ver quien corre más" y la merienda se compartiría por igual.
Si el mundo fuera de los niños nos sorprenderíamos cada vez que viéramos una mariposa volar, un perro ladrar, un avión en el cielo o un dulce caramelo.
Si el mundo fuera de los niños, los árboles serían columpios y no madera para muebles ni papel que malgastar, los armarios cuevas secretas y una caja de cartón un barco pirata que navega en alta mar.
Si el mundo fuera de los niños, las estrellas serían lejanos planetas a los que viajar, el sol un amigo que calienta y la luna alguien que te vigila cuando te acuestas.
Si el mundo fuera de los niños, los bosques serían el refugio de los duendes, las hadas y los gnomos, no algo de lo que indiscriminadamente nos podemos aprovechar.
Si el mundo fuera de los niños, la vida sería trasparente y las cosquillas suficientes, para dejar de llorar. Las rodillas peladas las marcas de una aventura genial y la ropa sucia las consecuencias inevitables del jugar.
Si el mundo fuera de los niños, la inocencia sería una virtud y las canciones infantiles verdaderos himnos que entonar.
Si el mundo fuera de los niños, los derechos serían hechos y no sueños que alcanzar. No hubiera hecho falta formularlos porque siempre habrían reinado como una gran verdad, como algo natural.
Si el mundo fuera de los niños, no tendríamos que luchar por sus derechos, porque estarían miraras donde miraras y los notarías al respirar.
Si a veces los niños son crueles, no nos engañemos, culpa nuestra será.
Y sí, si el mundo fuera de los niños, la vida sonreiria más y la magia sería más auténtica, más real!
Si el mundo fuera de los niños, por la noche sólo se apagarían las luces, para encender los sueños al soñar!