Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Podríamos hacer pan de grietas, saber a qué sabe
camino al manicomio
(si es verdad que te estás volviendo loca, como dices),
o quitarnos el calzado
y no dejar que el camino trepe por nuestras piernas,
caminar o correr hasta que pisar el pasto sea volar,
hasta que meterse al último ojo de agua
sea desaparecer de la mirada del cielo obtuso,
que se imagine apenas lo que hacemos en tan leve fluir
y con toda esa transparencia.
Podríamos ignorar que llegamos a nosotros
casi sin nosotros, sonriendo en hebras
como una gota de tinta en el vaso a medias aguas,
y hacer pastel de grietas con esta especie de suavidad
sorprendida de nuestros gestos,
hamacas en tus pestañas, puesta de sol que parpadeas,
darlo de comer a las palomas del centro,
a los peces del estanque, o a las palomas y los peces
que nos nadan y nos vuelan.
Podríamos hacer de esta ternura a destiempo
un discurso de esperanza: nos besamos para sembrar
nubes, para repartir la lluvia donde nada
crece, nos bañamos más que juntos cuando lloramos
para ahorrar agua y ojos;
o podríamos hacer galletas con las rendijas del corazón
y saborear su insospechada fecha de caducidad
camino al registro civil
(si es verdad, como sospecho, que me estoy volviendo loco).
camino al manicomio
(si es verdad que te estás volviendo loca, como dices),
o quitarnos el calzado
y no dejar que el camino trepe por nuestras piernas,
caminar o correr hasta que pisar el pasto sea volar,
hasta que meterse al último ojo de agua
sea desaparecer de la mirada del cielo obtuso,
que se imagine apenas lo que hacemos en tan leve fluir
y con toda esa transparencia.
Podríamos ignorar que llegamos a nosotros
casi sin nosotros, sonriendo en hebras
como una gota de tinta en el vaso a medias aguas,
y hacer pastel de grietas con esta especie de suavidad
sorprendida de nuestros gestos,
hamacas en tus pestañas, puesta de sol que parpadeas,
darlo de comer a las palomas del centro,
a los peces del estanque, o a las palomas y los peces
que nos nadan y nos vuelan.
Podríamos hacer de esta ternura a destiempo
un discurso de esperanza: nos besamos para sembrar
nubes, para repartir la lluvia donde nada
crece, nos bañamos más que juntos cuando lloramos
para ahorrar agua y ojos;
o podríamos hacer galletas con las rendijas del corazón
y saborear su insospechada fecha de caducidad
camino al registro civil
(si es verdad, como sospecho, que me estoy volviendo loco).
18 de marzo de 2024
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