Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Si tuviera cadena perpetua
yo en tus ojos,
quisiera recibir a mis amigos
una vez por mes con noticias
de la vida,
pasear media hora cada tarde
por tu pelo,
y una ventana pequeña
por donde ver tus pechos
cada noche de luna llena.
Si no fuera mucho
semillas de rosas
y regadera de besos
para un jardín en tu entrepierna
y una vez por semana
salir a trotar como un niño
saltando los charcos
de tu ombligo
para hacerme savia
entre tus muslos abarrotados.
Tener una mesita
entre la cama y el inodoro
con un macetero
de perfumes
y una paloma
que venga de cuando en cuando
con una rama de olivo
desde tus pies.
Si fuera preso de por vida
entre tus párpados
no quisiera tener que olvidarme
de todos ni contar los otoños
con cada pestaña
que me dieras de comer,
quisiera un libro en blanco
y una pluma
con la jeringa hueca
para hacer transfusiones
sobre el papel,
poder ver el mar
una vez por año
quince minutos mientras
las olas aún te vienen
y te van,
pintarte un cuadro cada septiembre,
dibujarte lágrimas
en invierno,
y salir de vacaciones
por tus caderas
treinta segundos cuando te vea pasar.
Si fuera preso de por vida
entre tus ojos
desistiría de testigos
para este juicio oral,
me dejaría apresar
la vida en tu palma justiciera
donde quepo ardiente
y rígido como un canario
con las alas rotas
y hora tras hora
pagaría gustoso
por haberte robado
el corazón
y haber escondido
una mitad
yo en tus ojos,
quisiera recibir a mis amigos
una vez por mes con noticias
de la vida,
pasear media hora cada tarde
por tu pelo,
y una ventana pequeña
por donde ver tus pechos
cada noche de luna llena.
Si no fuera mucho
semillas de rosas
y regadera de besos
para un jardín en tu entrepierna
y una vez por semana
salir a trotar como un niño
saltando los charcos
de tu ombligo
para hacerme savia
entre tus muslos abarrotados.
Tener una mesita
entre la cama y el inodoro
con un macetero
de perfumes
y una paloma
que venga de cuando en cuando
con una rama de olivo
desde tus pies.
Si fuera preso de por vida
entre tus párpados
no quisiera tener que olvidarme
de todos ni contar los otoños
con cada pestaña
que me dieras de comer,
quisiera un libro en blanco
y una pluma
con la jeringa hueca
para hacer transfusiones
sobre el papel,
poder ver el mar
una vez por año
quince minutos mientras
las olas aún te vienen
y te van,
pintarte un cuadro cada septiembre,
dibujarte lágrimas
en invierno,
y salir de vacaciones
por tus caderas
treinta segundos cuando te vea pasar.
Si fuera preso de por vida
entre tus ojos
desistiría de testigos
para este juicio oral,
me dejaría apresar
la vida en tu palma justiciera
donde quepo ardiente
y rígido como un canario
con las alas rotas
y hora tras hora
pagaría gustoso
por haberte robado
el corazón
y haber escondido
una mitad