duf9991
Poeta adicto al portal
Oh bella mujer
de mirada penetrante
y sonrisa divertida,
los claveles se dibujan
en tu rostro.
La felicidad la miro
en cada surco de tu cara
Oh bella mujer
si todos supieran
quien eres de verdad.
Si todos supieran
que esa sonrisa
y esa dulce alegría,
no son más que un sucio camuflaje,
un implucro escondite.
Si todos supieran
que por dentro tu alma
llora, con el viento de la tarde,
y tus lágrimas recorren
un valle moribundo.
Si todos supieran
que por dentro te desgarras
que deseas irte con las nubes
volar para siempre
escaparte y no volver.
Pero a mi no me engañas,
pues yo sé que en esos negros ojos
no hay alegría ni sonrisas
sino muerte, silencio.
Lo sé.
Si todos supieran
que cada noche
tus labios son de rojo
y tu ropa fácil y ligera
para más fácil despojamiento.
Si todos supieran
que al brillar de las estrellas
vendes tus caricias
a quien aparezca en tu mirada
sin razón ni sensación.
Si todos supieran
que al soplar el aire de la noche
abres tus pétalos
y sin ningún clímax sudoroso,
¡te dejas poseer!
Si todos supieran
que no eres más
que una loca callejera
que en una luna cualquiera
capturaste mis sentidos.
Y enamoraste mi alma
y llenaste mi vida
(a pesar de tu vaciedad)
de colores a montones
y alegría.
Pero al verme tus ojos me ignoraban
y al pasar por mi en la calle,
en mi no se posaban.
¡Ya ni te acordabas!
Maldita callejera
esquinera y embustera,
que me engañas con tu cuerpo
y me seduces con tu aroma,
dulce.
¿Por qué tuve
que enamorarme de ti?
¿Por qué yo?
¿Por qué?
No lo sé...
de mirada penetrante
y sonrisa divertida,
los claveles se dibujan
en tu rostro.
La felicidad la miro
en cada surco de tu cara
Oh bella mujer
si todos supieran
quien eres de verdad.
Si todos supieran
que esa sonrisa
y esa dulce alegría,
no son más que un sucio camuflaje,
un implucro escondite.
Si todos supieran
que por dentro tu alma
llora, con el viento de la tarde,
y tus lágrimas recorren
un valle moribundo.
Si todos supieran
que por dentro te desgarras
que deseas irte con las nubes
volar para siempre
escaparte y no volver.
Pero a mi no me engañas,
pues yo sé que en esos negros ojos
no hay alegría ni sonrisas
sino muerte, silencio.
Lo sé.
Si todos supieran
que cada noche
tus labios son de rojo
y tu ropa fácil y ligera
para más fácil despojamiento.
Si todos supieran
que al brillar de las estrellas
vendes tus caricias
a quien aparezca en tu mirada
sin razón ni sensación.
Si todos supieran
que al soplar el aire de la noche
abres tus pétalos
y sin ningún clímax sudoroso,
¡te dejas poseer!
Si todos supieran
que no eres más
que una loca callejera
que en una luna cualquiera
capturaste mis sentidos.
Y enamoraste mi alma
y llenaste mi vida
(a pesar de tu vaciedad)
de colores a montones
y alegría.
Pero al verme tus ojos me ignoraban
y al pasar por mi en la calle,
en mi no se posaban.
¡Ya ni te acordabas!
Maldita callejera
esquinera y embustera,
que me engañas con tu cuerpo
y me seduces con tu aroma,
dulce.
¿Por qué tuve
que enamorarme de ti?
¿Por qué yo?
¿Por qué?
No lo sé...