[center:7b732f5906]Sin ti dije muchas veces que moriría,
hubiese preferido que mis palabras se cumplieran,
pues desde tu adiós vivo en maldita agonía,
pensando en aquellos sueños que con tanta fe
aseguraba que junto a ti se cumplirían.
Pero no, todo en verdad se terminó,
pues aquí no se valoró mi triste corazón,
ni los sentimientos, ni las caricias,
ni el alma, ni el marchitado cuerpo.
Te ciega el egoísmo, se te ha ido la razón.
Nada eres en tus palabras de aquel que un día dejé,
en aquella plaza, en aquel adiós,
pensando que en mi vientre había una revolución.
Lo que debía pasar pasó, tranquilos quedamos los dos,
pero parece que en ti se mal entendió.
Ahora me dices adiós, pero ya no es por un viaje,
sino por rencor y poco tino,
por nunca haberme comprendido.
Ya lágrimas de mi no brotan,
ya ruegos de mi boca no escucharás,
aunque me arrastres por el suelo con tus palabras huecas,
nada, ni un sollozo esta alma te entregará,
pues ya fue suficiente humillación,
para que tú vuelvas una vez más a culparme por injusta razón.
Ahí te dejo mis armas de combate,
aquí no hay amor que defender,
el mío lo guardo en el lecho de mis sueños,
donde por siempre lo encerraré,
porque a quien se lo entregué
lo tiró, lo aplastó
como si cualquier cosa fuera.[/center:7b732f5906][/center]
hubiese preferido que mis palabras se cumplieran,
pues desde tu adiós vivo en maldita agonía,
pensando en aquellos sueños que con tanta fe
aseguraba que junto a ti se cumplirían.
Pero no, todo en verdad se terminó,
pues aquí no se valoró mi triste corazón,
ni los sentimientos, ni las caricias,
ni el alma, ni el marchitado cuerpo.
Te ciega el egoísmo, se te ha ido la razón.
Nada eres en tus palabras de aquel que un día dejé,
en aquella plaza, en aquel adiós,
pensando que en mi vientre había una revolución.
Lo que debía pasar pasó, tranquilos quedamos los dos,
pero parece que en ti se mal entendió.
Ahora me dices adiós, pero ya no es por un viaje,
sino por rencor y poco tino,
por nunca haberme comprendido.
Ya lágrimas de mi no brotan,
ya ruegos de mi boca no escucharás,
aunque me arrastres por el suelo con tus palabras huecas,
nada, ni un sollozo esta alma te entregará,
pues ya fue suficiente humillación,
para que tú vuelvas una vez más a culparme por injusta razón.
Ahí te dejo mis armas de combate,
aquí no hay amor que defender,
el mío lo guardo en el lecho de mis sueños,
donde por siempre lo encerraré,
porque a quien se lo entregué
lo tiró, lo aplastó
como si cualquier cosa fuera.[/center:7b732f5906][/center]